lunes, 4 de octubre de 2010

SOBRINITOS VERSUS NENAS


Hace años que vengo observando la diferencia de conducta entre los varones y las mujeres de nuestra especie: somos distintos, actuamos y pensamos distinto ante los mismos estímulos. Lo hacemos naturalmente y prácticamente sin pensarlo. Debe haber un gen o algo parecido que acentúa la naturaleza agresiva de los varones, mientras que hace lo contrario con las nenas. De ahí –pienso- que toda la industria de los juguetes y videojuegos lancen al mercado una serie de cosas que traten de sacarle tajada a la situación aprovechando este escenario.
Tengo cinco sobrinos con los que soy “ el-tío piola-cómplice-que-no pone límites ”, cuatro de ellos son varones y veo esta actitud en ellos constantemente. La última vez que estuve en San Juan –por ejemplo- entre risas, muecas y carcajadas me mostraron el último juego de moda entre sus compañeritos de escuela: destrozar apuñalando la birome hexaédrica vieja (o nueva) del contrario, dependiendo si esta caía del lado de la marca de la lapicera, del orificio de ventilación u otro. Una suerte de ruleta rusa “inofensiva”. Deben haber jugado horas a esto hasta que no quedó una sola lapicera sana en la casa de mi madre.
Antes de esto habían jugado como sigue:
a) Dos se habían subido al techo de la abuela, bombardeando con pelotitas de paraíso a los otros dos que contestaban sin descanso desde el piso.
b) Habíamos hecho tiro al blanco con honda a botellas (rigurosamente de plástico a pesar de insinuaciones contrarias a favor del vidrio) colocadas en hilera.
c) Habían jugado entre ellos a “100% lucha”, con arroje de almohadones, almohadas y -por supuesto- patadas,y piñas hiperquinèticas de semi-mentira.
d) Descansaron jugando al ajedrez…esto es, la más exquisita sublimación del arte de la guerra y por ende de la agresividad.
Cierto día les comuniqué a mis hermanas –no sin grandilocuencia- que había decidido llevar a los varones al cine: yo solo sin la ayuda de nadie.
Una de ellas me miró casi con compasión y dio una ojeada a mi otra hermana como diciendo “pobre, no sabe lo que está pidiendo pero dejémoslo…”. El paseo fue tan relajante como ponerse en manos de un aficionado para que te opere el globo ocular sin anestesia. Compramos baldes de pochoclo y gaseosa para comer y tomar en el cine. Y mientras que mis sobrinos parecían tener una especie de conexión en el sistema nervioso (entre las manos y la boca) que les impedía dejar de masticar sin darse piñas. Yo en tanto miraba con envidia a una señora que con cuatro tranquilas, prolijas, peinadas e inofensivas nenas que –con sus muñecas en brazo- me miraban como si yo estuviese loco.
-¡No se peguen!- les decía constantemente
-¡No nos estamos pegando! Me contestaban sin dejar de pegarse
-¡¡Sí que se están pegando no soy ciego!!... ¡¡Y dejen ya de chayarse con gaseosa!! Grité descontrolado en la antesala del cine escupiendo pedazos de pochoclo semimasticado ante la mirada atónita de los presentes.
La película les encantó, por supuesto festejaban las escenas donde el Chico Bueno (indistinguible del villano en cuanto a términos metodológicos de lucha se refiere) pulverizaba violentamente y humillaba al malo. A la salida, y en un desborde de ingenuidad, pensé que la película los había calmado. Le mandé un mensaje de texto a mi hermana que era un SOS camuflado de SMS. “Llego en 15” me contestó lacónica. Fueron los minutos más largos de mi vida. Para ese entonces estaban trepados en un gran carro de compras disputándose a empujones el control del mismo. Al instante llegó el personal de seguridad del Hiper en una moto enduro y con una radio por donde transmitía: “Son niños, repito, son solo niños ¿Me copiás? no hay peligro. Están con un adulto que trata de controlarlos”… pedí disculpas, los reté con mi mejor cara de ogro y los hice formar uno al lado del otro contra una pared. Habrán estado quietos 15 o 16 milésimas de segundo cuando empezaron e golpearse nuevamente de a poquito, entre risitas cómplices, casi imperceptiblemente….cuando el caos amenazaba con reinar nuevamente, apareció mi hermana que desde el auto regurgitó una orden seca y perentoria, como si fuera el jefe del grupo “Halcón” reagrupando la tropa. Los enanos le obedecieron sin rechistar. Subieron al auto con la mejor cara de “yo no fui” que se pueda encontrar en el mercado.
-¿Cómo se han portado? Preguntó inquisitorial.
-“Bien”- contesté inercialmente y sin entenderme a mí mismo. En tanto meditaba en aquella frase de La Rochefoucauld: “El corazón tiene razones que la razón no comprende”.

jueves, 30 de septiembre de 2010

EL VIAJE COMO METAFORA DE NOSOTROS MISMOS


El viaje forma parte de nosotros, de nuestro inconsciente colectivo, está en las raíces culturales inmediatas del Occidente europeo y de América en su acto fundacional. Camina en nuestra estructura cultural y en nuestra percepción del mundo. Las nuevas generaciones como las antiguas, buscarán siempre lo nuevo, lo desconocido, lo no trillado, porque de esta manera se encontrarán a sí mismos, afirmarán su identidad y su realización como personas e individuos: el ansia de viajar como metáfora del conocimiento, morirá - solo- con los seres humanos.
Por esto, el turismo además de placer, es necesidad y por eso tenderá a crecer intensivamente en los mercados de demanda tradicional y no tradicional con la aparición y consolidación de nuevos productos, nuevos destinos y nuevas formas de organización, comercialización y gestión.
La demanda turística crecerá incorporando nuevos flujos de viajeros, nuevos turistas, nuevos buscadores de lo eterno, porque esa búsqueda que plantea el viaje, en definitiva el Turismo, será cada vez más una necesidad y menos un lujo. Si a ello unimos la facilitación y simplificación de los desplazamientos, nuestra afirmación no es descabellada.
Pensemos que la idea del viaje está en los orígenes culturales y antropológicos de la Civilización Occidental, en los poemas homéricos de la Odisea y de la Ilíada, donde el tema del viaje en su significado misterioso e iniciático y del viajero, encarnado en su protagonista, Ulises, quien debe realizar un laberíntico viaje desde las ruinas de Troya hasta su casa solariega en Itaca, da comienzo al mito del viaje iniciático que después se repetirá una y otra vez en la literatura europea, como una especie de eterno retorno, donde los protagonistas del viaje procederán al reencuentro y a la profundización de la propia identidad a través de un doble viaje interior y exterior. Esta figura se repite una y otra vez en los paradigmas culturales y sociológicos occidentales, que han orientado los modos de pensar y de entender la vida por europeos y americanos desde la antigüedad, tanto en su dimensión literaria, pasando desde nuestro “Martìn Fierro”; “El Quijote” de Cervantes a las aventuras de Julio Verne, Kipling, Conrad o el Ulises de Joyce, hasta los homéricos protagonistas de “On the road” (En el camino) de Jack Keruac, personificación de las generaciones “Beat” e “hippie”, tan paradigmáticas de nuestro tiempo, como en sus posteriores plasmaciones artísticas, hasta llegar a las cinematográficas orientadas al consumo de masas.
De ahí la fuerza y la expansión del fenómeno turístico y su inagotable caudal y potencial, independientemente de las fases del ciclo y de las etapas e recesión o alza de la actividad; puesto que en realidad el viaje (y su componente de aventura, que no es sino el aproximarnos a lo desconocido, de forma más o menos controlada) es en definitiva una necesidad de nuestro yo interior, que necesita de este tipo de alimentos para su equilibrio y armonía.
Fuente: Tesis docoral Francisco Jose Calderòn Vazquez "Distrito Turìstico Rural"

jueves, 23 de septiembre de 2010

LA BANALIDAD DEL MAL


Fuertemente condicionados por la cultura judeo-cristiana, estamos acostumbrados a asociar al mal con lo retorcido, lo complicado, lo oscuro, lo complejo, lo satánico: algo ajeno a nosotros mismos. Es como si el mal estuviese directa o indirectamente relacionado con aquellas cualidades que definen al príncipe de las tinieblas: lo contrario a la divinidad, a la luz, la ausencia del padre. Pero para nuestro solaz, o nuestra profunda tragedia, no son pocas las veces que el mal se nos presenta bajo una apariencia anodina, un pequeño acto que podemos o no perpetrar, una decisión que podemos o no tomar en un momento crítico y que tiene consecuencias catastróficas para la propia existencia – o peor aún- para la existencia de otro ser.
No pocas religiones consideran al mal, a la maldad como un misterio en si mismo. Creen que la vida y el universo están regidos por una benevolencia omnipresente, inmanente y todo aquel comportamiento que contradice esta “bondad natural”, no es comprendida en términos morales y racionales. La maldad caracterizaría y describiría aquellos aspectos del ser humano desviados de la naturaleza del amor, la justicia y lo social.
Pero más allá de cualquier definición, todas las culturas humanas poseen una serie de “creencias naturales” sobre que cosas son malvadas y donde utilizándose una serie de estándares morales, la maldad es el comportamiento menos deseado y el amor el más importante. Y son los actos realizados con este comportamiento los que definirían al “malo”. Aquellos actos serían lo que en nuestra cultura, constituirían las delicias de Belcebú cual oscuro símbolo. Y no me refiero a ininteligibles misas negras, ni sacrificios humanos de frágiles bebés delante de oscuros Molochs, o de paganas estatuas de la “divina” Kali. No. Me refiero a nimios actos, ociosas decisiones que tomadas en un momento maldito, tienen consecuencias nefastamente insospechadas para nosotros, o lo que es peor aún, para otros seres vivos.
¬¿ Qué se sentirá al firmar el decreto de una política económica que-a sabiendas- condena a la exclusión social a varias generaciones de inocentes sin posibilidad de retorno ?; ¿O qué al descolgar la bomba que con el poder de los átomos borrará de la faz de la tierra a poblaciones civiles enteras dejando secuelas inimaginables para sus futuras proles?; ¿Qué habrá sentido el nazi que abría la válvulas de gas que exterminaban cientos de miles de familias judías inocentes en el holocausto?...perdón, creo que las preguntas están mal formuladas ¿ Qué es lo que “no hay que sentir” para actuar en consecuencia con los hechos anteriormente enunciados?. Que “no han sentido” nuestros políticos, que “no sintieron” los que tiraron las bombas de Hiroshima y Nagazaky, que “no sintieron” los nazis.
Pero, sin remitirnos a grandes las iniquidades históricas, me pregunto ¿Que es lo “que no sentimos” cuando miramos en la TV que miles de niños siguen muriendo como moscas sin que hagamos nada? ¿Qué dejamos de sentir ante la existencia de los niños esclavos en India? ¿Qué ante los que se drogan con pasta-base en cualquier rincón de la Boca?
¿La globalización nos obliga a disociar? Esto es, ¿el espacio de interacción físico-emocional no tiene nada que ver con el espacio de interacción social?
Bodelaire tenía razón, la mejor argucia del diablo en este siglo, es la de habernos convencido que ya no existe.

sábado, 11 de septiembre de 2010

MEJICO EN MI VIDA


Los cinco momentos de Méjico en mi vida son cuatro momentos. Mejor dicho cuatro autores y tres revolucionarios (la palabra México me suena a revolución) .
El primer momento fue de Juan Rulfo. Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Silvia Gil una amiga (estudiante entonces de literatura) se me acercó en una sofocante tarde sanjuanina ¡Tome -me dijo- lea! P’a que aprenda. Y me soltó lacónicamente a “Pedro Páramo”. No sé muy bien por qué, pero recuerdo perfectamente el peso y la textura del libro en mis manos. Recuerdo que su lectura ejerciera en mí una cualidad hipnótica. De hecho Silvia me lo prestó en una parada de ómnibus, la del seis y tengo la evocación haberme perdido leyéndolo. Inusualmente para el desértico San Juan, empezó a llover copiosamente y debí refugiarme en el hall de entrada de la Escuela Paula Albarracín de Sarmiento. Tuve la justa excusa para dejar que Rulfo me hechizara. La descripción que el personaje Juan Preciado hace de Cómala, se me antojó una perfecta descripción del San Juan de mi infancia y en ciertos puntos hasta de mi vida. Cuando levanté la mirada no solo la tormenta había pasado, sino la tarde entera y el resto de claridad que me había permitido leer. Tenía veintiún años.
El segundo autor es Octavio Paz. Cual Hamelin- me cautivó con su poesía mucho antes que lo del Nobel: la sensualidad de Paz. El profundo erotismo de paz. La extrañeza de Paz, la minucia de Paz, el exotismo, la erudición. Coinciden sus lecturas con mis veinticinco años, mis primeras tempestades hormonales y las petulantes ganas que tenía de escribir poesía. Una poesía que justificara mi paso por esta vida…ni más ni menos. Cada tanto experimento crisis de abstinencia de su poesía y necesito volver a leerlo. Volver a catarlo. Volar con el maestro. No estoy muy seguro si mi hijo se llama Octavio en honor a su nombre.
El tercer autor no sé si es Carlos Fuentes o Roberto Bolaño. De este último, precisamente en julio del 2003 supe rápidamente dos cosas: a) que acababa de morir en un hospital Valle e Hebrón de Barcelona ya que lo que leí en Internet era una necrológica escrita por un argentino Rodrigo Fresan b) Si bien Bolaño había nacido en chile; supe que Méjico lo había determinado: como persona y como escritor. Pero no habría de saber cuánto sino seis años mas tarde.
En tanto leí “La muerte de Artemio Cruz” de Fuentes en Madrid, en medio de una crisis existencial, en un altillo de un minúsculo departamento en el que yo me refugiaba a leer. En este libro, Carlos Fuentes presenta una visión panorámica de la historia del México contemporáneo tal como la rememora Artemio: un industrial y político agonizante. La novela se inicia cuando Cruz, desde su lecho de muerte, recuerda las etapas más importantes de su vida, y en particular su participación en la revolución Mejicana. Igualmente recuerda cómo después de la Revolución fue poco a poco va perdiendo sus ideales a la par que el amor de la única mujer que de verdad lo había amado.
A medida que iba leyendo a Fuentes en ese altillo de la calle Berruguete yo también iba rememorando mi vida, mis fracasos, la perdida de mis ideales políticos, el recuerdo de los amores perdidos. La identificación desde mis cuarenta un años fue total. La famosa crisis me había golpeado directo en el pecho y me había encontrado leyendo. Para ese entonces Bolaño se había “mitificado” en España. El año anterior a mi llegada 2004 -a un año de su muerte- Bolaño desde su ataúd había obtenido el premio Salambò a la mejor novela escrita en español, por 2666. Por ese entonces yo ya no quería leer más y pensaba que el chileno-mejicano-barcelonés era un típico fenómeno de marketing editorial. Pero el bicho de la curiosidad me había picado. Leí “Los detectives Salvajes” el verano pasado. Sí, me tomé un verano para paladear esa obra maestra, sorbo a sorbo como los buenos whiskies. Hay una relación biunívoca entre Bolaño y Méjico (la misma que existe entre Chatwin y la Patagonia) : es imposible concebir uno sin el otro. Hay entre uno y otro un maridaje único que dan por resultado la visión de un Méjico impar, vedada para sus nativos.
La otra fascinación por Méjico me viene de sus revoluciones y sus revolucionarios (Léase Emiliano Zapata, Francisco Villa y el Subcomandante Marcos). Méjico es revolución, con o sin teóricos que la elucubren. Méjico sorprende cíclicamente al mundo con sus revoluciones. La última vez, aquel 1 de enero de 1994 cuando un grupo de insurgentes se levantó en armas para elevar sus reclamos de justicia social. Todos esperábamos una sangrienta carnicería, una desgastante conflagración, un enorme baño de sangre maoísta o guevarista… entonces surge Marcos, encapuchado, misterioso, lucidísimo ; que armando con su fusil y su pipa declara: “El militar es una persona absurda que tiene que recurrir a las armas para poder convencer al otro de que su razón es la razón que debe proceder, y en ese sentido el movimiento no tiene futuro si su futuro es el militar. Si el EZLN se perpetúa como una estructura armada militar, va al fracaso. Al fracaso como una opción de ideas, de posición frente al mundo. Y lo peor que le podría pasar, aparte de eso, sería que llegara al poder y se instalara como un ejército revolucionario”
¿En qué otro lado de la posmodernidad sino en Méjico iba a suceder una cosa de este tipo?
¡¡¡ VIVA MEJICO CARAJO!!!!!


jueves, 2 de septiembre de 2010

WE AREN' T GRINGOUS


Hay un gran River-Boca en el pensamiento social contemporaneo: “el estructuralismo” versus “el culturalismo”. Según la visión estructuralista, hay un realidad de fondo que condiciona todo lo demás, esta realidad es económica, llegando muchas veces determinar la sociedad y sus instituciones. Este modo de interpretar la realidad puede rastrearse en el pensamiento de Karl Marx, a mediados del siglo XIX, y también en la de sus “archienemigos”. Quiero decir, hay rastros de esta visión tanto en el desarrollismo que tuvo tanto auge entre nosostros en los años Cicuenta y Sesenta, como el economicismo liberal típico de Alvaro Alsogray o un Alberto Benegas Linch, cuya fuente de inspiración fué el pensamiento Ludwin von Mises.
El desarrollismo proclamba que antes que nada había que buscar el desarrollo económico, el aumento del PBI y su cuantía, entonces, el resto “vendría dado por añadidura”. En cuanto a los economicistas liberales
( que anteponían el liberalismo económico al liberalismo poítico y filisófico), si bién imaginaban un sistema económico el las antípodas del de Marx, creían que todo radicaba en acertar en la elección del sistema económico y que lo demás - la política, la justicia, la cultura- sería en definitiva una consecuencia de esto .
Al comenzar este siglo, un ex comulgante de las ideas de Marx, Max Weber, disparó cotnra el corazón del estructuralismo una zaeta intelectual. En un libro que ya es un clásico “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, el sostuvo que un hecho económico como el surgimiento del capitalismo a partir de los siglos XVII y XVII, lejos de ser la causa de epifenómenos políticos y culturales fue el efecto de un hecho cultural: la revolución religiosa del puritanismo protestante. Así nació la segunda de las corrientes “el culturalismo”.
Según esta visión, lo que pasa en la mente no es el resultado de lo que pasa en la realidad, sobre todo en la realidad económica, sino a la inversa: Loque pasa en la realidad, primero pasó en la mente. En el plano teórico o académico ( como suele pasar muchas veces ) las dos escuelas se equivocaron, y las dos tuvieron razón. En el “Caso Argentino”, si nos remitimos a los hechos, yo soy un “hincha culturlista”. No pretendo negar miopemete que los reveses experimentados por el Sur en el pasado decenio se debieron en gran parte a factores externos hostiles. Sería una ingenuidad de mi parte, y de quién creyera lo contrario, negar el rol perverso del el FMI y el Banco Mundial. Creados con el objetivo de hacer un mundo mas justo, son ahora receptores netos de recursos de los países cínicmente llamados “en desarrollo”. Pero sigo sosteniendo que detrás cada “acto fallido” de la Argentina hay un hecho cultural y no económico. Hay un momento maldito en el cual el poder nubla la mente de nuestra clase dirigente ( si solo nos referimos a ella ), lo lícito y lo ilícito ceden lugar a aquello que se puede y no se puede hacer: ahí empieza la corrupción y si - como dice un dicho árabe - “ el príncipe arranca una naranja del árbol, el pueble se llevará hasta las raices ”.
Llevamos como mínimo menos medio siglo de copia irreflexiva de “modelos” y recetas que no nos han llevado a nada. La Argentina sigue sin encontrar su propia identidad, su propia voz interior.
El propósito manifiesto del desarrollo era combatir la pobreza, la ignorancia y la enfermedad. Casi inevitablemente, los países del Sur adoptaron como modelos a los países que parecían haber eiminado esos males: los países desarrollados. Pasaron por alto que los primeros adelantos económicos en esos países habían sido acompañados de pobreza, sufrimiento e injusticia concomitantes, así como que el Sur tenía que trabajar en pro de sus objetivos en circunstancias muy diferentes.
La última copia irreflexiva fué el modelo neoliberal defendido a rajatablas con fé de conversos, pero con consecuencias a la vista. Se nos pasó por alto un pequeño detalle: las socedades dónde nacen esas teorías que luego devienen en modelos, son anglosajonas, ergo, protestantes. Hay una diferencia de perspectivaemtre nosotros y ellos, profunda, abismal: tanto como la diferencia entre el gaucho y el cowboy. Uno glorifica el éxito económico, la riqueza y la violencia. Su ética está impreganada de ascetismo: ascetismo del cuerpo, del trabajo, del éxito.
En cambio el gaucho, resultado de la mezcla entre el indio y el conquistador español, vivió al margen de dos conceptos, de dos visiones de mundo que inevitablemente se enfrentarían colapsando para dar lugar a una nueva visión. No es casual que se vea en él uno de los símbolos mas fuertes para tratar de encontrar un principio de identidad nacional. El gaucho supo encontrar su tiempo, su medida, su identidad y su propia voz. Whe aren't gringous, man!!

miércoles, 25 de agosto de 2010

“ DE LIGERAS COSTUMBRES”


Sin duda es un oficio antiguo. Aparentemente el más viejo del mundo. Uno de los más duros ya que se debe lidiar con borrachos, psicóticos, deprimidos, solitarios, tímidos, chiflados, obesos, esperpentos y hombres generalmente no deseables o no deseados. Esto es cruel. Para ellos y para ella. Pero es ella la que carga con la cruz más pesada ( sobre todo en la era del SIDA ), y de ahí su enorme resentimiento. Cualquiera que haya frecuentado meretrices sabrá que por lo general son muy agresivas. Y tienen sus razones. La mujer que desempeña este viejo oficio generalmente viene de graves desiluciones, atraviesa penurias económicas o alimenta a su prole con enorme esfuerzo.
La palabra obscena con que se nombra a tan rancias trabajadoras, una de las más populares y prohibidas. Es una “mala” palabra o, lo que es lo mismo, una palabra tabú.
Pero, ¿ Por qué tabú ? Por que es un vocablo proscripto peligroso y turbador; porque la condena recae sobre la palabra per se, en si misma, mas allá de su significado y - sobre todo - porque nadie sabe cuáles son las razones de la prohibición.
En ocasiones, el esfuerzo por evitar pronunciar la palabra lleva a deformarla como sucede con el término pucha y sobre todo en exclamaciones como ¡la pucha!. Otras veces se recurre a un vocablo equivalente: prostituta. Se acepta una palabra pero no su sinónimo más vulgar, más corriente. Dicen que Sarmiento - aún presidente- la pronunciaba seguido y catárticamente. Pero imagino que en la boca del Maestro de América, debe haber sonado casi como un esnobismo.
Y cuando, a pesar de nuestra infatuación, leemos y oímos esta “mala” palabra en un periódico, en la radio o en la televisión sentimos la misma ansiedad o sorpresa que experimentan los aborígenes de la isla Nias, los tolampos de la isla Célebes o los cafres de Africa del Sur cuando escuchan una palabra sagrada en su tribu. Además, la misma denominación de estas voces prohibidas señala ya la existencia de un tabú...¿ No las llamamos acaso “malas” palabras ? Sin embargo es evidente que lo único que puede ser malo es una conducta o una acción pero...¡nunca una palabra!.
Hablar de malas palabras demuestra hasta qué punto el pensamiento mágico primitivo está infiltrado en nuestro lenguaje. Y la palabra aludida es, precisamente, una de estas voces mágicas. No solo, en muchos idiomas como el antiguo egipcio, el árabe, el sánscrito y el latín un mismo vocablo nombraba ideas opuestas. Una sola y misma palabra tenía un sentido contradictorio; expresaba una cosa y su contrario. Este hecho, propio de las lenguas arcaicas, nos resulta, sin duda, incomprensible. Es como si la palabra luz pudiese significar tanto luz como oscuridad. O como si el término vino tuviese para los sanjuaninos el sentido de vino como de agua. Sería un absurdo. Y sin embargo...
Lo cierto es que casi no existen sociedades donde no se hayan encontrado miembros de este pertinaz sindicato ayudando al varón a liberarse de una urgencia que no conoce temporadas. Ya en Sumeria ( 4500 a.C ) los santuarios de Ur, Eridu y Uruk hospedaban mujeres que desde niñas ofrecían sus encantos para solaz de los dioses. Y sus auxilios tan imparciales como repetidos llegaron a beneficiar inclusive la tasa demográfica de este pueblo. Unos de sus reyes más famosos, Sargón I , de larga barba y magestuoso porte, era de padre ignoto, ya que su madre había sido una ramera del templo....
Heródoto nos cuenta que una meretriz de los lupanares del Nilo, deseosa de prolongarse en el tiempo, quiso dejar un monumento a su memoria y pidió a cada uno de sus clientes que le regalara una piedra. Con todas las que así reunió construyó una pirámide en su honor.
Las ferias de hembras complacientes eran comunes en Lidia, Chipre, Fenicia y Frigia, pero en Asiria un Estado intervencionista perturbó el libre comercio de los cuerpos regulando el mercado. Fue en Babilonia, sin embargo, la ciudad de los jardines flotantes y la voluptuosa lasitud, donde la prostitución alcanzó su apogeo entre los antiguos. Este país también mostró su rasgo más enigmático: toda mujer debía alguna vez en su vida tener comercio carnal con un extraño. Se sentaban en el pórtico de los templos con la cabeza ceñida por un cordel ( señal de su disponibilidad sexual) y esperaban; los forasteros pasaban y elegían. Las hembras más hermosas cumplían rápidamente con su obligación ritual; las feas podían llegar a esperar su turno por años.
En la antigua Grecia existían diversas categorías y especialidades. Las inferiores eran las pornai, que vivían en lúgubres burdeles de puerto; las más pobres caminaban descalzas, algunas se exhibían desnudas y en otras, la barata pintura negra de sus cejas caía lamentable sobre sus mejillas. Un rango superior lo ocupaban las auletridas o tocadoras de flauta: alegraban los komoi, o juergas de hombres solos, donde.... dejo a la perspicacia del lector adivinar qué hacían. En la cuspide del oficio estaban las hetairai o compañeras. Eran mujeres que gracias a la lectura o a la instrucción habían adquirido cierto nivel cultural, llegando inclusive a escribir ingeniosos epigramas. Este último tipo de mujeres inspiraron a los varones más ilustres de Grecia. Por ejemplo: el dramaturgo Sófocles ( 496?-406 a.C: ) endulzó sus últimos días con la bella Teocris; el filósofo Epicuro ( 341-270 a.C ) hizo de Leontion su discípula, y el político Pericles ( 499-429 a.C. ) afirmaba haber aprendido elocuencia de su amada Aspasia.
En Roma la prostitución constituía un comercio pujante. Tanto que algunos políticos organizaban sus campañas electorales por medio del collegium lupanariorum, o gremio de los propietarios de prostíbulos. En plena campaña electoral y en los oscuros suburvios de la ciudad eterna, las cortinas de los burdeles se levantaban, los futuros votantes eran conducidos por una joven que hacía de guía a través de las diversas salas, y donde explicaba los puntos de fuerza y debilidad de cada una de las trabajadoras mientras -por supuesto- hacía proselitismo político a favor de un candidato.
No tocamos el medioevo. Ni il quattrocento, ni il cinquecento. Pero una nota al pié de página de la historia lo constituye sin duda alguna Ninon de Nenclos, amante de Luis XIV ( 1647-1715 ) Bella, bellísma, refinadísima, prostituta desde los quince, culta, cantaba, tocaba el arpa, hablaba en varios idiomas. La visitaban varios miembros de la corte, y hasta del extranjero viajaron para “conocerla”. En 1677 alcanzó el apogeo cuando le fué presentado al rey, el que súbitamente sucumbió a sus encantos. Vivió hasta los 90, en su testamento le legó a Voltaire ( ex cliente ) 2000 francos para que comprara libros.
En fin, las trabajadoras del sexo son casi una constante en la historia de la humanidad, las frecuentaron desde los seres más viles hasta los hombres más ilustres. Ofrecieron sus cuerpos como modelos a los más grande artistas ( léase Lautrec , Van Gogh, Gogain entre otros ) y ofrecieron su ingenio como estímulo a los más destacados pensadores. Influyeron sobre la marcha de los gobiernos a través de los políticos que cobijaban en su cama, y tuvieron y tienen hijos que...... -dicho de paso y solo en sentido metafórico - son los que han hundido y hundieron a nuestra Argentina.

viernes, 4 de junio de 2010

DE PADRES Y BEBÈS


Como padres de un reciente bebé mi mujer y yo hemos buscado consejos en libros, amigos e Internet para tratar de mantener una vida lo más cercana a la normalidad posible, esto es: comer, dormir, bañarse, repetir (una que otra vez una vez) aquella actividad que trajo consecuencia el nacimiento del párvulo….sin resultados a la vista. Nuca pensé que iba a recibir tanto consejo inútil de expertos, extraños, parientes, docentes, taxistas, remiseros, especialistas, señoras ataviadas con ruleros-bata-pantufla y sin ocupación evidente; vecinos cuyas vidas constituyen el mejor ejemplo de lo que no debe hacerse con una vida.
También en los momentos más “cool” de nuestra relación (cuando empezaba a salir con Lorena) jamás pensé que terminaría cortándole la comida –no a mi hijo- sino a ella. Y no como un gesto de galantería, sino para que pudiera atinar comer con nuestro hijo en brazos que –por supuesto- no para de llorar.
Sintiendo los agudos alariditos de Octavio me he preguntado como es que a los responsables de las armas psicológicas de las grandes potencias no se les ocurrió todavía que el llanto de un bebé es una terrible arma de dominación. Quiebra cualquier voluntad, o al menos la mía.
La falta de sueño (variable naturalmente incorporada en el “combo-bebé”) es otra temible arma: hace un año dos meses que dejamos de dormir en forma continua. Nuestros ciclos biológicos no son los que eran antes. Y sospecho que jamás lo volverán a ser. Solo hay un ser más indefenso que el bebé: los padres del bebé.
Dentro de las teorías sobre cómo hacer dormir a un niño hay –como en la filosofía o en economía - distintas corrientes de pensamiento. Es más, he identificado toda una vertiente optimista que cree fervientemente que hay técnicas ciertas para hacerlo dormir a saber:
• Ponerlo a dormir siempre con el mismo osito. En nuestro caso Pepito (el osito de mi hijo) siempre se queda dormido, mientras que Octavio nos hace saber por vías inequívocas que no piensa pegar un ojo.
• Cantarle una canción: he visto a mi mujer desgañitase cantando una hora seguida hasta quedar afónica y sin que la vigilia de Octavio se inmutase.
Pero hay algo. Una suerte de “simetría” que he comprobado que nunca falla en materia de sueño “beberil”, la he bautizado “la ley del momento menos oportuno”, Ej:
• Viene un tìo-abuelo de Nueva York que pasa específicamente por Bs As para verlo. Tiene los minutos contados para visitarnos y volver al avión: el bebé se duerme.
• La madrina/padrino atraviesa el caos de Bs As solo, única y exclusivamente para verlo: el bebé se duerme.
• La Argentina celebra el bicentenario de su independencia, con una presidenta a la cabeza (dos conjunciones únicas, raras, de extraña periodicidad) uno las quiere ver: el bebé se duerme…..y así. Nunca falla.

Hasta aquí los tres consejos más útiles los he sacado de una serie televisiva de los años 70: Kung-Fu. Como ustedes recordarán, para salir del templo Shaolín, el monje budista Kwai Chan Caine, debía superar tres pruebas:
1) Caminar sobre papel de arroz sin arrugarlo o dejar huella alguna
2) Arrebatar un guijarro de la palma de su maestro antes que el pudiera cerrar su mano 3) Alzar con los antebrazos una suerte de caldeo lleno de brazas para que quedaran grabados en los mismos los símbolos del Shaolin: el tigre y el dragón.
Con Octavio es igual, cuando se duerme estoy obligado a salir de su pieza como si caminara sobre papel de arroz… un giro brusco, un tropezón, un mal paso sobre nuestro inconsistente piso de madera y me puedo arrepentir por el resto de la noche.
En segundo lugar, es necesario aprender a sacarle de la mano todo lo que intenta meterse a la boca a la velocidad de la luz, con esa “mano de cobra ” con los kunfutecas vencen al enemigo. Ya que, estando en plena etapa oral todo, repito todo lo que esté al alcance de sus manitos se lo lleva a la boca.
Y en tercer hay que estar dispuesto a quemarse manos y antebrazos (cual monje pelado) corriendo ollas, pavas, jarras jarritos y demás utensilios calientes para evitar que “Tavito”se queme.
Pero a pesar lo anterior; y si el presente artículo debiera ser el mensaje de una botella arrojada en el océano del tiempo: Octavio –hijo- sos (lejos) lo mejor que me ha pasado en la vida.