sábado, 10 de noviembre de 2012

LAS PROFECIAS MAYA DEL FIN DEL MUNDO


Debo confesar que el tema de las “profecías mayas” ha despertado mi curiosidad desde hace unos diez años.  He buscado información al respecto y lo que he encontrado me ha parecido sumamente llamativo, excéntrico y poco basado en hechos comprobables, (al igual que me resulta excéntrica, llamativa e insólita toda la escatología bíblica cristiana   que se empeña en calcular la fecha del “fin del mundo”, “apocalipsis”, “segunda venida de Cristo” o como quieran llamarle).

Existe una multitud de páginas en Internet en las que se comentan las famosas siete  profecías Maya. Se publican textos que “revelan” el futuro, y se enuncian  toda clase hecatombes,  “cambios de conciencia cósmica”, “el despertar de una nueva era” “alineación con el centro de la galaxia”  y otros temas tan caros a la New Age como al mundo alternativo…pero apenas se encuentra información fidedigna acerca de las fuentes en las que se basan. Casi ninguna página Web, libro o texto explica quienes fueron los Mayas, cuál era su cultura y en qué creían.

Empecemos por el principio

Los Mayas fueron un agrupamiento de diferentes pueblos, unidos por un legado cultural común. El origen de los Mayas es bastante discutido, pero se suele tomar por cierto que la cultura Maya nace por el siglo I después de Cristo. Tenían su propio sistema de escritura que, al parecer, usaron para plasmar una prolífica literatura, que luego los conquistadores españoles se encargaron de eliminar de forma sistemática y organizada (para “salvar sus almas del infierno” por supuesto). La estructura era del tipo jeroglífica (en realidad más próxima a la escritura china que a la egipcia) y es una combinación de símbolos fonéticos e ideogramas.

La conquista española eliminó a todo ser que pudiera interpretar estos símbolos y la escritura Maya se perdió hasta que, hace más o menos ciento cincuenta  años, se lograron avances en la interpretación de los textos y se pudo saber que decían todos los jeroglíficos esculpidos en los templos.

Además de los pasajes dejados en las piedras (conocidos como estelas) se salvaron solo cuatro textos.  A estos los llamaron los códices maya y son: el Códice de Madrid, el Códice de Dresde, el Códice de París y el Códice de Grolier (este último, al parecer, es una falsificación hecha en los ´60).

Todos los códices son sólo fragmentos de la cultura Maya y no pueden, ni por asomo, ni lejanamente, interpretarse como un compendio de dicha cultura. Para que el lector entienda,  es como si hoy  viniera un cataclismo, asolara nuestra civilización  y se salvaran sólo cuatro textos… conjeturemos que sólo quedara la Biblia (sólo el nuevo testamento), un libro de Nostradamus (pero sólo 23 hojas), uno de Isaac Asimov (la segunda fundación y por la mitad) y unas nuevo  hojas de algún libro de derecho romano o civil. ¿Cuánto se puede saber/ inferir de nuestra cultura con sólo estos textos?

El calendario Maya

El famoso calendario Maya del que tanto hablan, mide el tiempo de forma algo diferente al nuestro. Ellos tenían dos calendarios, uno religioso y otro “normal”. Una forma que tenían de ver las fechas era con una rueda, que vendría a ser algo así como los calendarios que tenemos nosotros, sólo que con él, se podía tener varios miles de días y no los modestos 365 días que poseemos hoy.

El arqueólogo y etno-historiador J. Eric S. Thompson que estudió por décadas la cultura de este y otros pueblo, calculó que el día 0 de este calendario sería el 11 de agosto de 3114 AC y que si se busca el máximo número días que nos puede dar este calendario, llegamos a que son 1.872.000. El cálculo de esos días partiendo del 11 de agosto de 3114 AC da que todo “se termina” el 21 de diciembre de 2012.

Thompson aclara que el calendario Maya se termina en la mencionada fecha, sólo porque no lo pensaron para que dure más (bastaba con agregarle un nivel más), y no porque este pueblo pensara que se acabara el mundo, o sea no lo agregaron porque no era necesario hacerlo. Doy un ejemplo, sería algo así como decir que se termina el mundo el 31 de diciembre del 2012 porque el calendario que tenemos delante nuestro no muestra el 1 de enero del 2013.

Las fuentes que no existen

Empecemos por las fuentes de estas profecías que en teoría, es de conde salen de los códices. Se observa que todos los textos de donde se sacan estas profecías, son casi una copia idéntica entre sí, pero que en todos los casos omiten hacer referencia a libros de antropólogos o lingüistas que realmente hayan trabajado con los códices (de hecho, yo mismo pase varias horas hasta encontrar algo de información  que sea diferente al continuo repetir de estas profecías).

Todos los sitios -como dije al principio-  hablan de destrucciones y calamidades, pero nunca hacen mención a los textos originales (sólo dicen que sale de tal o cuál códice, pero del extracto del texto original nada). Son, en todos los casos, las conclusiones de alguna extraña interpretación,  de algún texto,  del que nunca citan la fuente. Cada una de estas profecías es -en el mejor de los casos- una interpretación de algún texto que nunca se menciona.

Las fuentes que si existen

Hay en realidad 16 códices hechos por las culturas prehispánicas que todavía se conservan, pero sólo cuatro son de confección Maya. Estos textos no los encontré completos en ningún lugar. Pero, basándome en las referencias de las publicaciones que llegue a leer, lo que se saca en limpio es que los Mayas tenían sus profecías como cualquier pueblo y estas son, como siempre pasa, lo suficientemente crípticas o ambiguas como para que cada uno saque las conclusiones que quiera.

Quisiera hacer un par de reflexiones: olvidemos por un momento  las  famosas “siete profecías”, sólo diremos que los Mayas dejaron “profecías”. Estas tienen la misma validez y credibilidad que cualquier otra profecía hecha por cualquier profeta de cualquier tiempo y lugar de la historia. O sea, o son tan cripticas como para que cada quién interprete lo que quiera, o dan fecha a un futuro tan distante que es imposible de comprobar (hay profetas y sectas  que anuncian el fin del mundo para un tiempo próximo pero “sólo” se llenan de dinero, esperan que pase la fecha y después anuncian su error, lo corrigen y el nuevo fin del mundo llega dentro de X cantidad de años… y vuelven a comenzar).

Creer en la interpretación particular de alguna de ellas es un acto de fe. Del mismo tipo de fe que puede tener cualquier persona religiosa  de cualquier culto. No se basa en la lógica académica seria, sino en una propensión satisfacer subjetivas  necesidades personales.

La segunda conclusión es que las siete profecías no tienen ningún asidero, ni siquiera en los textos de los códices Maya, no existe un listado de profecías que hablen (ni remotamente cerca) de las cosas que mencionan los sitios que pululan en Internet. Existirá, presumo, algún listado de profecías supuestamente Maya en el cual estaría  el origen de estas conjeturas (no quise escribir pelotudeces), pero no hay forma de comprobarlo ya que tienen por costumbre no hacer referencia al lugar de donde sacan la información. Simplemente hablan de esas “verdades” sin decir de dónde salen.

Entonces ¿Qué va a pasar el famosísimo 21 de diciembre del 2012? La respuesta más probable desde el punto de vista académico es  la siguiente: nada.

 

lunes, 22 de octubre de 2012

EL CAMBIO DE SEXO DE UNO DE LOS DIRECTORES DE MATRIX Y… ¡CORTEN!

Si realmente había una versión moderna del sueño americano hecho realidad, estaba encarnada por los hermanos Wachowki. Polaco-americanos, hijos de inmigrantes, estos sencillos muchachos tenían un negocio de carpintería y pintura antes de escribir y dirigir su primera película: el éxito multimillonario "Matrix". A ese film le siguieron la saga, las alfombras rojas de Hollywood y miles de millones de dólares más. Pero ya lo dijo Napoleón: "El peor momento llega con la victoria"; esto es, si hay una ciudad donde es muy fácil "marearse" cuando uno tiene unos pocos millones de dólares en la mano, esa es Los Ángeles.

A poco tiempo de la consagración de los hermanos, empezaron a correr rumores de la afición de uno de los Wachowki al sadomasoquismo: Larry. Pero ustedes saben cómo son los rumores, siempre se le agregan cosas a la versión original etc. etc ... luego se empezó a decir que Larry estaba totalmente sumergido en el mundo de los clubes de sexo, en el travestismo, el bondaje y el sadomasoquismo. "Nada confirmado, cosas de los tabloides para vender más" pensó la mujer de Larry Thea Bloom, que conocía a su marido perfectamente; eran novios desde la universidad. "Es el famoso precio de la fama".

Pero los rumores continuaron e insistían que Larry estaba obsesionado con una dominatrix llamada Ilsa Strix, que había conocido en un club de la escena underground de San Francisco. Strix era famosa –entre otras cosas- por tener una agenda llena de teléfonos de hombres poderosos y por haber girado varios films porno donde se la veía "dominando esclavos sexuales". Para ese entonces Ilsa y Larry se habían convertido en compañeros inseparables. Ilsa era para Larry lo que Virgilo para Dante en La Divina Comedia. Para ese entonces Larry y su esposa comenzaron sus irreversibles trámites de divorcio.

Hasta aquí todo bien (si tenemos en cuenta que hablamos de Hollywood) el problema es que Larry quería que la Strix fuese solo y nada más que suya. Además…se había enamorado…y así se lo hizo saber proponiéndole una relación más seria. "Imposible Larry" –contestó Ilsa- "soy totalmente lesbiana".

Años atrás la revista Rolling Stone había escrito un artículo de investigación sobre Larry Wachowski, donde se narraba cómo el exitoso director quería ser conocido como su alter-ego Lana. Aunque estos rumores fueron desmentidos por personas que trabajaron directamente con él (entre ellas su hermano), eran innegables las fotos que se habían tomado de él vestido como mujer. Con el "no de Ilsa" parece Larry tuvo el empujón que necesitaba para transformarse definitivamente en Lana y empezó un tratamiento hormonal y quirúrgico. En la presentación de su próxima película Cloud Atlas, junto a su hermano Andy y el director Tom Tykwer, se ven los resultados de esta metamorfosis cuando saluda "Hola, soy Lana" luciendo un extraño tocado de rastas color rosa.

Debo confesar que no salía de mi desconcierto (no de mi asombro) al escribir este artículo. Creía que cuando un hombre se cambia de sexo lo hace para atraer y/o agradar a otros hombres. Pero leyendo a Catherine Millot "Exsexo, ensayo sobre el transexualismo" (Catalogos-Paradiso 1984) descubrí que la realidad psicológico-física de un transexual es infinitamente más compleja. "En ocasiones –leemos- los hombres transexuales hacen delirar a las feministas, que ven en ellos un reconocimiento a la causa de las mujeres, una abdicación caballeresca de sus prerrogativas viriles, depositadas a los pies de las mujeres…"son muchos los transexuales que se hacen "lesbianas" algunos años después de haberse hecho transformar, y que abandonando toda búsqueda de una relación amorosa con un hombre, que confirmaría su femineidad, van a buscar este reconocimiento junto a una mujer. Este viraje hacia la homosexualidad femenina es bastante frecuente.".

Antes de la transformación de Larry Wachowki, creía que los límites de mi capacidad de asombro habían sido probados cuando en viril y barbudo tecladista de los Jethro Tull David Palmer, se cambió de sexo y decidió ser Dee Palmer. Pero la cereza en la punta del helado de mi desbarajuste la puso Thea Bloom, la ex de Larry quien, al ser interrogada por el cambio de sexo de su ex, dijo que estaba muy contenta porque "había perdido un marido, pero había ganado una amiga"…



 

sábado, 13 de octubre de 2012

JAPON: EL IMPERIO SIN SEXO


Japón es actualmente uno de los países donde se practica menos el sexo en el mundo. Un estudio realizado por el gobierno japonés confirma el creciente desinterés por la pareja y el sexo en la sociedad nipona que, desde la década de los 70, ha visto bajar el número de matrimonios. El 60% de los hombres y el 50 % de las mujeres entre 18 y 34 años no tienen pareja. El informe sostiene que muchos de los jóvenes ni siquiera buscan una. También se  muestra el aumento de la edad de los casados; en 2010 la edad en la que un hombre se casaba era de 30,5 años, mientras que para la mujer era de 28,8; un aumento de 2,1 y 2,9 años, respectivamente, en las últimas dos décadas. En contraste, el estudio mantiene que la tasa de divorcios ha subido de manera constante desde 1960, llegando a un tope de 290.000 en 2002. La pregunta es: ¿Por qué el gobierno nipón se mente debajo de las sábanas de sus ciudadanos con tanta estadística? Bueno, para que nos hagamos una idea, Japón, de seguir por el camino que lleva, perderá alrededor de un 20 % de su densidad demográfica. Tales datos han alarmando a las autoridades, pues tal descenso de consumidores en un mercado maduro podría significar una catástrofe para la economía. Para paliar esta situación se han elaborado planes para fomentar el contacto personal, físico y la convivencia en el seno de cada pareja. Muy mal, muy mal hecho pues si uno se fija en los estudios sobre el tema verá que muchos japoneses han renunciado a cualquier tipo de actividad sexual porque se pasan la vida trabajando, y cuando no trabajan están cansados o estresados y copulan aún menos, pero ¿Es tan reduccionista la explicación? Según el Instituto Nacional de Sexología Japonés,”entre el 60 y 70% de las parejas de más de 40 años no mantiene relaciones sexuales”, y para evitar el contacto pronuncian educadamente una  palabra mágica: mendokusai, o “estoy cansado mamita” (mamita en jerga canchera  porteña).

Hombres herbívoros:

En este horizonte de “sol-naciente-sin-contactos” surge una nueva figura: los “soushokukei-danshi” (hombres herbívoros). El termino soushokukei fue acuñado por el escritor Maki Fukasawa en el 2007, estos hombres tienen como rasgos característicos el marcado desinterés por el sexo y las citas, el gusto por la ropa, la dieta, el apego a la madre, el ahorro, la necesidad de vivir una vida tranquila y alejada del estrés competitivo de la sociedad nipona.
Mujeres carnívoras
Por el contrario, la sociedad nipona también acuñó un término para referirse a las mujeres que buscan encontrar pareja, las nikushokukei-joshi (mujeres carnívoras), generalmente alrededor de los treinta (ancianas para contraer matrimonio según la tradición) y con el arroz a punto de pasárseles si no consiguen un hombre que les dé progenie (entre otras cosas).

En este punto, podríamos pensar que se trata de una cultura puritana y reprimida. O de una sociedad ultra disciplinada volcada en el trabajo, que ha dado la espalda a los placeres del erotismo. Pero la realidad es mucho más complicada e inquietante. Porque resulta que este Japón monacal, de pocos hijos y menos abrazos, cuenta con la más floreciente industria del sexo del mundo, con unos ingresos de 20.000 millones de euros al año que representan el 1% del PBI del país. Es más: no se trata sólo de la industria más potente sino también de la más refinada, la más variada, la más imaginativa y la menos púdica: las calles de Tokio ofrecen sin tapujos toda clase de reclamos publicitarios y toda clase de servicios; y sus ciudadanos los reciben y los usan con la misma naturalidad con la que comen sushi o compran el último modelo de iPhone.

¿Cómo decirlo? No es que en Japón estén desapareciendo las “relaciones sexuales”; lo que están desapareciendo son las “relaciones” en general mientras que el sexo sin relaciones, completamente autorreferencial, va ocupando un lugar cada vez más importante en la vida de individuos desconectados del mundo que no sienten la menor vergüenza en exhibir y proclamar esta desconexión. Esta riquísima, civilizadísima, libérrima industria sexual -con todo su aparato escénico e instrumental- está orientada a ahorrar el trabajo de las dependencias exteriores: el cortejo, la conversación, los preliminares, el otro mismo. Lo extravagante de este egoísmo es que quiebra la regla antropológica básica de los últimos 15.000 años según la cual el propio placer sexual estaba asociado precisamente a la existencia de otros cuerpos y al reconocimiento, aunque fuese negativo, de nuestra dependencia de ellos. El sexo en Japón se ha emancipado de los cuerpos, esas criaturas tan inmanejables, tan incómodas, tan exigentes, tan imprevisibles.

La preguntas son varias ¿El Japón está marcando una tendencia?, ¿Está marcando nuestro futuro? El colmo de la civilización, ¿será la masturbación industrial que exhibe su auto-erotismo como la máxima satisfacción y la máxima evolución a la que puede aspirar un individuo humano?. Llama la atención de esta extraña pereza cultural que la pornografía, las muñecas, los juguetes sexuales, fuente hasta ahora de estímulo y de insatisfacción, sucedáneos irritantes del cuerpo deseado, se han convertido en el objeto mismo donde se satisface el deseo. Esas imágenes, esas muñecas, esos juguetes, constituyen la superación completa de todas las imperfecciones y todas las molestias, al servicio ahora de un placer encerrado, como un molusco, en el propio cuerpo. En el propio yo.

“El infierno son los otros”, decía Sartre. Y los otros -sobre todo en Japòn- dan fiaca. Hasta ahora nos cansaba trabajar y nos cansaba también estudiar mientras que estábamos siempre dispuestos a reunirnos con unos amigos, ir a una fiesta, participar en el bullicio de una conversación, desnudar de nuevo con emoción el pecho del amado. Ahora lo que cansan son las relaciones. Sexo sí, relaciones no. La industria sexual en Japón refleja y alimenta una sociedad de perezosos masturbadores que pagan para no tener que ocuparse de sus mujeres o de sus novias; que pagan, en definitiva, para emancipar su propio placer de cualquier contacto exterior.

Recuerdo la novela (a la que recomiendo) “La casa de las bellas durmientes”, del Nobel de literatura Yasunari  Kawabata, un retrato poético del sentido de la abstinencia y el placer en esa sociedad tan avanzada pero con altos niveles de angustia y frustración. Donde uno de los personajes termina sentenciando…el sexo es lo que cada uno piensa de él.

 

martes, 9 de octubre de 2012

HOMBRES Y MIGITORIOS


Tengo un amigo (biólogo, genetista renombrado, muy interesado en la antropología) separado de hace relativamente poco. Sobrevive en un departamento dos ambientes lleno (cuando digo lleno es repleto) de libros, apuntes, papers con una diminuta cocina. Baño ínfimo. Cuando nos vemos arremete con largos soliloquios generalmente dirigidos contra el sexo opuesto. Por ejemplo, el último: “Uno de los problemas que tenemos los hombres es que muchas personas –y aquí me estoy refiriendo a las mujeres- piensan que los hombres no tenemos problemas. ¿Sabès? Cecilia (su ex) piensa que un ser al que no le importa si las ventanas están limpias, que sea incapaz de quedarse embarazado, o  que pueda llevar prácticamente el mismo traje toda la vida (para trabajar, salir a cenar, ir a misas, casamientos , fiestas y comuniones) y luego ser enterrado con él  (sin mencionar que puede orinar de pie o que tiene todas las medias de un mismo color) ….es un ser que no tiene problemas...¿Entendès?¡ Si hasta para ir al baño los hombres tenemos problemas!!.

-¿Qué querès decir Berty? Le pregunté intrigado ¿Es una metáfora? ¿No?

-“No no es una metáfora y te lo digo como biólogo; lo que quiero decir con esto, es que para los hombres orinar reviste una importancia que va mucho más allá de la mera eliminación de los fluidos corporales. Se trata de una afirmación territorial en toda regla. De ahí que cada vez que un hombre va a un baño público tenga que enfrentarse con un problema crucial: ¿Qué migitorio usar? Su objetivo es evitar a toda costa orinar al lado de otro hombre, pues entonces estaría violando el territorio del macho- vecino: es un atavismo ¿Viste?. Supongamos (y aquí empezó la clase magistral con pizarrón y todo) que el baño tiene una fila de cinco urinarios según el siguiente esquema:

 

 
 
 
1
 
 
 
               2
 
 
 
3
 
 
 
4
 
 
 
5

 

Supongamos que entra al baño un hombre “A” y no hay nadie en el baño. Casi con toda seguridad elegirá un de los urinarios situados en los extremos: el 1 o el 5. Porque sabe que así estará lo más lejos posible del siguiente hombre que entre al baño. Supongamos que elige el urinario 5, la situación quedará  así:

 
 
 
1
 
 
 
2
 
 
 
3
 
 
 
4
Hombre A
 
 
5

 

Cuando entre un hombre “B”, siempre erigirá el 1. Jamás de los jamases, ni en un billón de años erigirá el 4. Semejante cosa haría que el hombre “A” se alarmara al punto de subirse la bragueta (posiblemente lastimando su hombría) antes que permanecer ahí. Puede que el hombre “B” sea una persona abierta y para nada moralista (sin perjuicio para los amigos gays)  pero aún así, a baño vacío, jamás orinaría al lado de “A”. De modo que ahora la situación quedará  así:

Hombre B
 
 
1
 
 
 
2
 
 
 
3
 
 
 
4
Hombre A
 
 
5

 

Y cuando entre el hombre C, está clarísimo que elegirá el urinario 3. No es que lo vuelva loco la idea, pero por lo menos tiene un urinario-barrera a cada uno de sus flancos:

Hombre B
 
 
1
Urinario-barrera
 
 
2
Hombre C
 
 
3
Urinario-barrera
 
 
4
Hombre A
 
 
5

 

Si ahora entra un individuo D, el sí se enfrentará a un verdadero problema de hombre: elija el urinario que elija estará a lado de dos hombres. Esto resulta muy molesto. Es altamente probable que D decida orinar en un baño cerrado. O que quede libre un sitio con sus correspondientes urinario-barreras a los cosatdo (o irse a un rincón y hacer pis en la pared. De modo que el esquema mutará de la siguiente manera:

 Hombre D

Hombre B
 
 
1
Urinario-barrera
 
 
2
Hombre C
 
 
3
Urinario-barrera
 
 
4
Hombre A
 
 
5

 

Si el individuo D eligiera uno de los urinarios disponibles  (supongamos el 4) tanto él como los hombres C Y A, se quedarán paralizados, mirando fijamente al frente, como si en la pared estuviera escrita  la fórmula para transmutar el plomo en oro. Morir antes que cruzar una mirada- Este es el lema de los hombres en un baño público”- dijo mi amigo con un marcador en la mano y ojos de sicótico.

Soy consciente de dos cosas:

a)      Berty cual “neo-separado” tiene mucho tiempo libre (no  quise escribir al pedo) solo y encerrado en un micro departamento sin compañía femenina (ni felina) a la vista.

b)      Que las lectoras pensarán que me estoy inventando todo esto. Pero les pido que le pidan al hombre de su vida que lean este artículo: seguro asentirá con la cabeza en señal de reconocimiento.

-Tanto hablar de pis me han dado ganas de ir al baño- le dije a mi amigo.

- No tengo- me contestó- hace quince días que espero a un plomero que nunca llega… vas a tener que ir al bar de abajo..

 

lunes, 1 de octubre de 2012

EL BLUES: LA MUSICA DEL DIABLO



El blues nació en el sur de los Estados Unidos, entre las comunidades rurales, a finales del siglo XIX, en el Delta del Missisipi. En una geografía llena de no-lugares y una profunda soledad: la de  estaciones de tren nocturnas, la de las cabañas de madera perdidas en las plantaciones o la de los caminos recónditos por donde apenas pasaba gente. Los “bluesman” fueron los grandes solipsistas de la columna sonora del norte-agrìcola. No necesitaban a nadie. Su espíritu libre y vagabundo solo les pertenecía a ellos. Como mucho a su guitarra (en el caso de que no fuera robada, claro está). Siempre conseguían esfumarse como fantasmas de todos los sitios. Unas copas, una discusión o una pelea y se alejaban de las poblaciones para adentrarse en la noche con decisión y misterio.

Contrariamente a lo que se ha creído casi siempre, el blues  no fue originado por la esclavitud, sino por la durísima segregación existente  en Estados Unidos desde 1880. El pueblo afroamericano, humillado y rechazado, se encerró en sí mismo y creó su propia cultura musical y espiritual: el blues. La música negra que precedió al blues estaba llena de influencias blancas; en ese momento existían pocas diferencias entre la música popular blanca y la negra, y ni la segregación pudo impedir los contactos. Los músicos negros se habían inspirado en las baladas de origen celta, y el movimiento a la inversa también se produjo: desde sus orígenes, el country estuvo muy influido por la huella del blues, y creció a su lado como un hermano. También su primo-hermano hizo lo mismo: el rock and roll.

En la mitología de Mississippi existen muchas leyendas relacionadas al blues, pero tal vez la del ritual de vender el alma al diablo sea una de las más instaladas en la cultura popular. Receta de la abuela Tomasa:

a)      Tómese un hombre que quiera sexo, dinero, fama, fortuna (o cualquiera de sus posibles combinaciones) de la mano del blues.

b)      Colóqueselo a tocar los acordes de una guitarra – posiblemente desvencijada- en un cruce de caminos cerca de la media noche.

c)      El candidato en cuestión deberá (mientras toca) esperar que se apersone“El innombrable (candidatos cardíacos abstenerse).

d)     El personaje del apartado c) aparecerá preferentemente bajo la forma de una sombra nocturna. Arrancará la guitarra de las manos del candidato, la afinará y empezará a tocar.

e)      Finalizada la ejecución del tema del punto d) “la sombra”le devolverá  la guitarra al candidato. El pacto se habrá consumado. A partir de ese momento ningún guitarrista podría superarle. El bluesman había vendido su alma a cambio de la genialidad musical.

La lista de músicos  que -dice la leyenda- siguieron la receta es larga: Robert Jhonson, Jimy Hendrix, Peetie Wheatstraw (que se jactaba de ser el yerno del diablo), Keth Richards, Steve Vai, Steve Ray Vaugham y un largo (larguísimo) etcétera.

Pero no todo es cosa de Mandinga. Uno de los grandes atractivos turísticos que produce lo anterior  son los devotos peregrinajes hacia los supuestos lugares donde estos bluesmen negociaron con Satán. Uno de ellos, tal vez uno de los mayores reclamos turísticos de Mississippi, se encuentra en Clarksdale en la intersección entre la Autopista 61 y la Autopista 49. Allí, se dice, vendió Robert Johnson (el gran abuelo del rock) vendió su alma. Sin embargo, el pacto con el diablo no es -ni mucho menos- algo solo propio del sur de Estados Unidos...

Ya en el paganismo que prosiguió a la caída del Imperio Romano, en plena expansión del cristianismo, a partir del siglo IV de nuestra era, venían recogidas una serie de rituales considerados maléficos, entre los que se encontraba el pacto con el diablo. En la imaginería cristiana encontramos el mito de Teófilo, un clérigo insatisfecho y desdichado que decide vender su alma al diablo para prosperar. En la Alemania del siglo XVI aparece el mito de Fausto,  personaje legendario - inspirador de multitud de novelas, óperas y películas- que ante la insatisfacción en su vida decide tratar con el diablo. Derivado del mito de Fausto encontramos al diablo Mefistófeles, que según cuenta la leyenda popular alemana era el subordinado de Satanás que se encargaba de capturar almas. En el siglo XIX el famoso violinista italiano Nicoló Paganini (cuenta la leyenda)  pactó con el diablo para convertirse en el mejor músico de todos los tiempos.
La etapa más brillante del blues eléctrico tuvo lugar en la ciudad de Chicago durante los 40 y los 50 gracias a la influencia del sello Chess, la escena de locales nocturnos y  por Muddy Waters. Los 60 trajeron nueva sangre de la mano de guitarristas como BB King o T-Bone Walker, creando un subgénero en el que se añadía a la banda una sección de viento. La forma siempre fue la misma: ritmo de rock y formas de blues. Los Ochenta (para mis orejas) estuvieron marcados por un solo nombre: Steve Ray Vauham.

La impronta del blues eléctrico se forjó finalmente en los sesenta con la adaptación de bandas inglesas como Cream (de la mano de Clapton), Yardbirds, los Bluesbreakers de John Mayall o Rolling Stones de lo que hacían intérpretes afroamericanos. Pero esa ya es otra historia…

lunes, 10 de septiembre de 2012

SRI RAVI SANKAR: VERLE LA CARA A DIOS POR UN MODICO PRECIO


No quiero empezar este artículo con cavilaciones dignas del “enano gruñón de blancacanieves”, o con destilaciones ácidas que puedan dañar la imagen del “nuevo-producto-meditativo-que-armoniza-todos-los-males”. Pero como premisa numero uno diría: “Un personaje público es su historia personal, mas la historia del pensamiento que lo genera”, y en el caso de Ravi Shancar cabría acotar un par de cosas:

Hacia fines de 1940 aparecieron en la India los primeros movimientos espirituales a partir de la prédica de sabios que anunciaban el amor, como principal característica de la devoción divina. Entre esos sabios estaba Maharishi Mahesh Yogi, quien generó el movimiento de Meditación Trascendental brindando una serie de conferencias para dar a conocer prácticas de meditación, que hasta en ese entonces eran totalmente desconocidas -y negadas- al mundo occidental. Quiso el azar que durante la década del '60, en plena época hippie, llegan estas corrientes de pensamiento a Estados Unidos y generan toda una revolución. Maharishi entonces fue conocido mundialmente porque los mismísimos Beatles no solo fueron a meditar sus centros de la india, sino que allí compusieron el “Álbum Blanco”, para luego ser tapa (junto al santón) de la revista Times. Después de estar un tiempo con él, a poco de reflexionar, descartaron sus enseñanzas porque, la verdad, “su santidad” les pareció un poco chanta (valga el argentinismo). Pero para ese entonces no paraban de visitarlo otras estrellas mediáticas como Mia Farrow, el cantautor Donovan y los músicos de The Doors, seguidos por varias estrellas mayores y menores del cine.

Nuestro gurú, Sri Ravi Shancar nació en 1956 y –cuenta la leyenda- que durante su adolescencia participó del movimiento de Meditación Trascendental guiado por Maharishi. Sin embargo, en 1980 se abrió de su maestro para ponerse en cuenta propia. En realidad, Shankar estuvo poco tiempo con Maharishi, el suficiente para aprender bien la sustancia de MT. Su biografía oficial –una verdadera hagiografía- señala que Shankar ya sabía de memoria el Bhagavad Gita –el largo poema que constituye el principal de los escritos sagrados en la India- a los cuatro años. Pero su hermana no tiene empacho en declarar que detesta la lectura: “Nunca ha leído un libro; lee una página y ya se queda dormido”. ¿De dónde ha aprendió todo? Sólo cabe una respuesta: de Maharishi. Los dos demostraron ser sujetos inteligentes y astutos. Los dos demostraron ser ególatras. Por eso no pudieron estar juntos mucho tiempo. Shankar, cuando estimó que ya había aprendido lo suficiente, se fue. Por los testimonios familiares que conocemos, lo que mostró desde la infancia no era un conocimiento del Bhagavad Gita, sino una ambición desmedida, una buena inteligencia y un temperamento audaz, que le impulsaba a arriesgar para conseguir lo que quería. Dejó los estudios –con esa afición por la lectura no es de extrañar-, dejó su primer trabajo, dejó a Maharishi... y terminó saliéndose con la suya. En 1982 fundó en California “El Arte de Vivir, un centro destinado a difundir el despertar de la conciencia, el bienestar humano y la paz a nivel global", según reza el propio canon. Actualmente, tiene una estructura muy bien pensada, "casi como una estructura empresarial con llegada en todo el mundo". En sus centros, brindan cursos pagos donde, "enseñan técnicas de respiración y meditación para eliminar toxinas y el estrés". En Argentina muchas figuras del espectáculo, la música y la polìtica recurren a las técnicas de esta fundación, como Graciela Borges, Mauricio Macri, Domingo Cavallo, Charly García y hasta Marcelo Tinelli.

La Fundación, como la llaman sus adeptos, tuvo su primer contacto local con el macrismo en 2008, cuando su fundador, fue recibido por la plana mayor del PRO y hasta obtuvo un reconocimiento en el Senado de manos del ex vicepresidente Julio Cobos. En 2008 una foto oficial muestra a Mauricio Macri, el gurú, Gabriela Michetti y el rabino Sergio Bergman. La Ciudad firmó en ese momento un convenio de cooperación con lo que algunos llaman sin eufemismos "secta". La Fundación, en principio, imparte lecciones acerca de cómo mejorar la relación cuerpo, mente y alma, para lo cual se vale de técnicas del yoga clásico, meditación y abreva en las enseñanzas fundamentales del budismo.

Todo bien, hasta que empezaron los rumores que el gobierno de la provincia de Buenos Aires le había pagado dos millones de pesos al gurú para dirigir el megaevento de meditación realizado en los bosques de Palermo (bajo el lema "Si sucede, conviene" ) el pasado domingo. Mauricio Macri tuvo que salir a desmentir. Consultado por Radio 10 respecto de si la presentación pública de Ravi Shankar "costará plata" a la Ciudad, contestó que no, y cuando se le preguntó si se le pagarán "dos millones de pesos", indicó: "Esas son cosas que no sé quién ha tirado al aire".

Como segunda premisa de este artículo, podemos afirmar que la India no se ponen objeciones a que montajes religiosos ganen millones de dólares (léase Osho Rajneesh, Sai Baba, Babaji o Amma Amritanandamayi, una santona de Kerala que se permitió el lujo de donar un millón de dólares para los damnificados del huracán Katrina en Estados Unidos) y menos aún cuando, como suele ocurrir –y AV no es una excepción-, financian algunas obras asistenciales y educativas.

A su vez podemos afirmar que el hinduismo, con su sincretismo, su flexibilidad para adoptar elementos extraños y su facilidad de hacer malabarismos con los términos, se aprovecha de ello para presentarse como un “producto arreligioso” coincidente con la tendencia espiritual o la moda intelectual del momento y disfrazar su oferta de acuerdo con ello. Maharishi y Shankar son buenos ejemplos, pero desde luego no los únicos ni los primeros, ni probablemente sean los últimos. El mercado de lo espiritual es tan suculento (genera tantas ganancias invirtiendo tan poco) que todo lo que suena a técnica fácil de autoayuda es muy tentador, tanto en Occidente como en Oriente, y no debe extrañar por tanto que proliferen charlatanes, farsantes y vendedores de “elixires” milagrosos. En la India más de uno señala a Ravi Shankar como vendedor de “jarabe de yoga”, lo que puede ser un etiquetado bastante bueno. Desde luego, lo que se ve hurgando su biografìa muestra más a un actor que a un profundo meditante o un asceta que recorre la senda señalada por la literatura sagrada indostánica.

¿El arte de vivir? Sin duda Sri Ravi Shankar ha dado sobrada prueba de este arte, a su fortuna personal solo se la cuenta con seis dígitos. Manual básico del “Gurú para un occidente desquiciado”. Primero inicial. En fin.

martes, 4 de septiembre de 2012

MI MAESTRA

Tengo una tía (“La Vanna”) a la que le debo haberme inculcado desde niño el placer de la lectura, el mundo, el universo de los libros. Con sus ochenta y cinco años no deja de leer: En la mañana, en las largas siestas sanjuaninas, en la noche antes de dormir. Desde que tengo uso de razón Juana lee todos los días. Es una Penélope que lee y deslee textos. Es más, no podría concebirla sin uno entre sus manos. Juana Azeglio es una lectora sibarita, en mi vida es sinónimo de literatura, de autores clásicos, de “altas cumbres” en materia de letras. Amén del amor que me prodigó desde niño-adolescente-adulto, en nuestro vínculo siempre estuvieron presentes los libros. A ella le debo haber leído “El Canon”: Kafka, García Márquez (del que profetizó- en el 71- que algún día sería Nobel), Juan Rulfo, Guy des Cars, Pirandello, Mario Vargas Llosa (idéntica profecía que para Márquez con solo haber leído un libro: “Los cachorros”) Stefan Zweig, Verne, Salgari, Joyce, Borges, Somerset Maugham; Tolstoi, Dostoievski, Gogol, Chejov…. “La Vanna” tenía una debilidad por los autores rusos, era capaz de describirte San Petersburgo (que para ella jamás fue Leningrado) como si hubiera estado realmente allí.
Sé que a esta altura alguno habrá pensado que era profesora de literatura: No. Toda su vida fue maestra. Empezó siendo muy joven. En el “Quinto Cuartel” de Pocitos. En los cuarenta. Viajando todos y cada uno de sus días convencidísima de la máxima sarmientina: “hay que educar al soberano”. Tenía anécdotas e historias de esa época, que harían quedar a “Cien Años de soledad” como un experimento literario típico del “realismo socialista”…
A pesar de su magro estipendio nunca dejó de comprar libros, siempre hubo una nutrida biblioteca en su casa: de oferta, tapas blandas, duras, viejos, nuevos, seminuevos, prestados y….”los incunables”: Esto es, ediciones en papel biblia de los clásicos rusos a los que solo unos pocos elegidos teníamos acceso. “La Vanna” había tardado literalmente años en pagarlos. Eran su tesoro más preciado. No, miento, su tesoro éramos nosotros: sus sobrinos, a los que no solo nos conocía como a la palma de su mano, sino que nos dio hasta lo que no tenía. Siempre incondicional, generosísima, honesta, pudorosa, juiciosa, didáctica, tozuda.
A pesar de los libros leídos habría llegado a un tipo de sabiduría toda suya y particular. Una sabiduría que se encuentra –quizá- en las antípodas de la erudición. He aquí el gran contrasentido: mi tía Juana conocía la naturaleza humana por experiencia directa. Quiero decir, nunca escribió un ensayo de psicología. No frecuentó las aulas de ninguna facultad de antropología o de sociología, pero conocía perfectamente el lenguaje de las miradas, de los gestos, de los ropajes, de los códigos y modos de la fauna humana. En la mirada de las personas, en las muecas, en la humanidad de sus numerosísimos alumnos había aprendido a leer “el gran libro de la vida”. Hacía pocas o ninguna citación de libros o de autores, al contrario, daba la impresión de despreciar —paradójicamente— las palabras. Porque quizá sabría que entre las palabras y el mundo real hay un divorcio, una disgregación abismal. “¡Ya has estado leyendo al viejo-gorila!” me gritaba (por Borges); o “Que retorcido para escribir el rusito-tísico ¿No?” (por Kafka). “Ese pendejo es un pesado, se cree que se las sabe todas y no sabe nada: muy de tu generación” (la primera vez que le di a leer Rodrigo Fresan). “Este leguleyo escribe para los esnobs, no se le entiende ni jota” (por Cesar Aira) Mi tía, mi Vanna jamás dejó de enseñar, también con sus silencios transmitía cosas cuando fumaba sentada en un escalón del patio de su casa porque –como es sabido- las palabras deforman el sentido secreto de las cosas. Siempre que expresamos algo, nos parece deformado, inconcluso, imperfecto.
Hoy nos miramos casi sin hablarnos, porque ya nos hemos dicho todo. Aun así me sigue enseñando como se trasmite el amor: en silencio. Al fin y al cabo es maestra.