martes, 9 de octubre de 2012

HOMBRES Y MIGITORIOS


Tengo un amigo (biólogo, genetista renombrado, muy interesado en la antropología) separado de hace relativamente poco. Sobrevive en un departamento dos ambientes lleno (cuando digo lleno es repleto) de libros, apuntes, papers con una diminuta cocina. Baño ínfimo. Cuando nos vemos arremete con largos soliloquios generalmente dirigidos contra el sexo opuesto. Por ejemplo, el último: “Uno de los problemas que tenemos los hombres es que muchas personas –y aquí me estoy refiriendo a las mujeres- piensan que los hombres no tenemos problemas. ¿Sabès? Cecilia (su ex) piensa que un ser al que no le importa si las ventanas están limpias, que sea incapaz de quedarse embarazado, o  que pueda llevar prácticamente el mismo traje toda la vida (para trabajar, salir a cenar, ir a misas, casamientos , fiestas y comuniones) y luego ser enterrado con él  (sin mencionar que puede orinar de pie o que tiene todas las medias de un mismo color) ….es un ser que no tiene problemas...¿Entendès?¡ Si hasta para ir al baño los hombres tenemos problemas!!.

-¿Qué querès decir Berty? Le pregunté intrigado ¿Es una metáfora? ¿No?

-“No no es una metáfora y te lo digo como biólogo; lo que quiero decir con esto, es que para los hombres orinar reviste una importancia que va mucho más allá de la mera eliminación de los fluidos corporales. Se trata de una afirmación territorial en toda regla. De ahí que cada vez que un hombre va a un baño público tenga que enfrentarse con un problema crucial: ¿Qué migitorio usar? Su objetivo es evitar a toda costa orinar al lado de otro hombre, pues entonces estaría violando el territorio del macho- vecino: es un atavismo ¿Viste?. Supongamos (y aquí empezó la clase magistral con pizarrón y todo) que el baño tiene una fila de cinco urinarios según el siguiente esquema:

 

 
 
 
1
 
 
 
               2
 
 
 
3
 
 
 
4
 
 
 
5

 

Supongamos que entra al baño un hombre “A” y no hay nadie en el baño. Casi con toda seguridad elegirá un de los urinarios situados en los extremos: el 1 o el 5. Porque sabe que así estará lo más lejos posible del siguiente hombre que entre al baño. Supongamos que elige el urinario 5, la situación quedará  así:

 
 
 
1
 
 
 
2
 
 
 
3
 
 
 
4
Hombre A
 
 
5

 

Cuando entre un hombre “B”, siempre erigirá el 1. Jamás de los jamases, ni en un billón de años erigirá el 4. Semejante cosa haría que el hombre “A” se alarmara al punto de subirse la bragueta (posiblemente lastimando su hombría) antes que permanecer ahí. Puede que el hombre “B” sea una persona abierta y para nada moralista (sin perjuicio para los amigos gays)  pero aún así, a baño vacío, jamás orinaría al lado de “A”. De modo que ahora la situación quedará  así:

Hombre B
 
 
1
 
 
 
2
 
 
 
3
 
 
 
4
Hombre A
 
 
5

 

Y cuando entre el hombre C, está clarísimo que elegirá el urinario 3. No es que lo vuelva loco la idea, pero por lo menos tiene un urinario-barrera a cada uno de sus flancos:

Hombre B
 
 
1
Urinario-barrera
 
 
2
Hombre C
 
 
3
Urinario-barrera
 
 
4
Hombre A
 
 
5

 

Si ahora entra un individuo D, el sí se enfrentará a un verdadero problema de hombre: elija el urinario que elija estará a lado de dos hombres. Esto resulta muy molesto. Es altamente probable que D decida orinar en un baño cerrado. O que quede libre un sitio con sus correspondientes urinario-barreras a los cosatdo (o irse a un rincón y hacer pis en la pared. De modo que el esquema mutará de la siguiente manera:

 Hombre D

Hombre B
 
 
1
Urinario-barrera
 
 
2
Hombre C
 
 
3
Urinario-barrera
 
 
4
Hombre A
 
 
5

 

Si el individuo D eligiera uno de los urinarios disponibles  (supongamos el 4) tanto él como los hombres C Y A, se quedarán paralizados, mirando fijamente al frente, como si en la pared estuviera escrita  la fórmula para transmutar el plomo en oro. Morir antes que cruzar una mirada- Este es el lema de los hombres en un baño público”- dijo mi amigo con un marcador en la mano y ojos de sicótico.

Soy consciente de dos cosas:

a)      Berty cual “neo-separado” tiene mucho tiempo libre (no  quise escribir al pedo) solo y encerrado en un micro departamento sin compañía femenina (ni felina) a la vista.

b)      Que las lectoras pensarán que me estoy inventando todo esto. Pero les pido que le pidan al hombre de su vida que lean este artículo: seguro asentirá con la cabeza en señal de reconocimiento.

-Tanto hablar de pis me han dado ganas de ir al baño- le dije a mi amigo.

- No tengo- me contestó- hace quince días que espero a un plomero que nunca llega… vas a tener que ir al bar de abajo..

 

lunes, 1 de octubre de 2012

EL BLUES: LA MUSICA DEL DIABLO



El blues nació en el sur de los Estados Unidos, entre las comunidades rurales, a finales del siglo XIX, en el Delta del Missisipi. En una geografía llena de no-lugares y una profunda soledad: la de  estaciones de tren nocturnas, la de las cabañas de madera perdidas en las plantaciones o la de los caminos recónditos por donde apenas pasaba gente. Los “bluesman” fueron los grandes solipsistas de la columna sonora del norte-agrìcola. No necesitaban a nadie. Su espíritu libre y vagabundo solo les pertenecía a ellos. Como mucho a su guitarra (en el caso de que no fuera robada, claro está). Siempre conseguían esfumarse como fantasmas de todos los sitios. Unas copas, una discusión o una pelea y se alejaban de las poblaciones para adentrarse en la noche con decisión y misterio.

Contrariamente a lo que se ha creído casi siempre, el blues  no fue originado por la esclavitud, sino por la durísima segregación existente  en Estados Unidos desde 1880. El pueblo afroamericano, humillado y rechazado, se encerró en sí mismo y creó su propia cultura musical y espiritual: el blues. La música negra que precedió al blues estaba llena de influencias blancas; en ese momento existían pocas diferencias entre la música popular blanca y la negra, y ni la segregación pudo impedir los contactos. Los músicos negros se habían inspirado en las baladas de origen celta, y el movimiento a la inversa también se produjo: desde sus orígenes, el country estuvo muy influido por la huella del blues, y creció a su lado como un hermano. También su primo-hermano hizo lo mismo: el rock and roll.

En la mitología de Mississippi existen muchas leyendas relacionadas al blues, pero tal vez la del ritual de vender el alma al diablo sea una de las más instaladas en la cultura popular. Receta de la abuela Tomasa:

a)      Tómese un hombre que quiera sexo, dinero, fama, fortuna (o cualquiera de sus posibles combinaciones) de la mano del blues.

b)      Colóqueselo a tocar los acordes de una guitarra – posiblemente desvencijada- en un cruce de caminos cerca de la media noche.

c)      El candidato en cuestión deberá (mientras toca) esperar que se apersone“El innombrable (candidatos cardíacos abstenerse).

d)     El personaje del apartado c) aparecerá preferentemente bajo la forma de una sombra nocturna. Arrancará la guitarra de las manos del candidato, la afinará y empezará a tocar.

e)      Finalizada la ejecución del tema del punto d) “la sombra”le devolverá  la guitarra al candidato. El pacto se habrá consumado. A partir de ese momento ningún guitarrista podría superarle. El bluesman había vendido su alma a cambio de la genialidad musical.

La lista de músicos  que -dice la leyenda- siguieron la receta es larga: Robert Jhonson, Jimy Hendrix, Peetie Wheatstraw (que se jactaba de ser el yerno del diablo), Keth Richards, Steve Vai, Steve Ray Vaugham y un largo (larguísimo) etcétera.

Pero no todo es cosa de Mandinga. Uno de los grandes atractivos turísticos que produce lo anterior  son los devotos peregrinajes hacia los supuestos lugares donde estos bluesmen negociaron con Satán. Uno de ellos, tal vez uno de los mayores reclamos turísticos de Mississippi, se encuentra en Clarksdale en la intersección entre la Autopista 61 y la Autopista 49. Allí, se dice, vendió Robert Johnson (el gran abuelo del rock) vendió su alma. Sin embargo, el pacto con el diablo no es -ni mucho menos- algo solo propio del sur de Estados Unidos...

Ya en el paganismo que prosiguió a la caída del Imperio Romano, en plena expansión del cristianismo, a partir del siglo IV de nuestra era, venían recogidas una serie de rituales considerados maléficos, entre los que se encontraba el pacto con el diablo. En la imaginería cristiana encontramos el mito de Teófilo, un clérigo insatisfecho y desdichado que decide vender su alma al diablo para prosperar. En la Alemania del siglo XVI aparece el mito de Fausto,  personaje legendario - inspirador de multitud de novelas, óperas y películas- que ante la insatisfacción en su vida decide tratar con el diablo. Derivado del mito de Fausto encontramos al diablo Mefistófeles, que según cuenta la leyenda popular alemana era el subordinado de Satanás que se encargaba de capturar almas. En el siglo XIX el famoso violinista italiano Nicoló Paganini (cuenta la leyenda)  pactó con el diablo para convertirse en el mejor músico de todos los tiempos.
La etapa más brillante del blues eléctrico tuvo lugar en la ciudad de Chicago durante los 40 y los 50 gracias a la influencia del sello Chess, la escena de locales nocturnos y  por Muddy Waters. Los 60 trajeron nueva sangre de la mano de guitarristas como BB King o T-Bone Walker, creando un subgénero en el que se añadía a la banda una sección de viento. La forma siempre fue la misma: ritmo de rock y formas de blues. Los Ochenta (para mis orejas) estuvieron marcados por un solo nombre: Steve Ray Vauham.

La impronta del blues eléctrico se forjó finalmente en los sesenta con la adaptación de bandas inglesas como Cream (de la mano de Clapton), Yardbirds, los Bluesbreakers de John Mayall o Rolling Stones de lo que hacían intérpretes afroamericanos. Pero esa ya es otra historia…

lunes, 10 de septiembre de 2012

SRI RAVI SANKAR: VERLE LA CARA A DIOS POR UN MODICO PRECIO


No quiero empezar este artículo con cavilaciones dignas del “enano gruñón de blancacanieves”, o con destilaciones ácidas que puedan dañar la imagen del “nuevo-producto-meditativo-que-armoniza-todos-los-males”. Pero como premisa numero uno diría: “Un personaje público es su historia personal, mas la historia del pensamiento que lo genera”, y en el caso de Ravi Shancar cabría acotar un par de cosas:

Hacia fines de 1940 aparecieron en la India los primeros movimientos espirituales a partir de la prédica de sabios que anunciaban el amor, como principal característica de la devoción divina. Entre esos sabios estaba Maharishi Mahesh Yogi, quien generó el movimiento de Meditación Trascendental brindando una serie de conferencias para dar a conocer prácticas de meditación, que hasta en ese entonces eran totalmente desconocidas -y negadas- al mundo occidental. Quiso el azar que durante la década del '60, en plena época hippie, llegan estas corrientes de pensamiento a Estados Unidos y generan toda una revolución. Maharishi entonces fue conocido mundialmente porque los mismísimos Beatles no solo fueron a meditar sus centros de la india, sino que allí compusieron el “Álbum Blanco”, para luego ser tapa (junto al santón) de la revista Times. Después de estar un tiempo con él, a poco de reflexionar, descartaron sus enseñanzas porque, la verdad, “su santidad” les pareció un poco chanta (valga el argentinismo). Pero para ese entonces no paraban de visitarlo otras estrellas mediáticas como Mia Farrow, el cantautor Donovan y los músicos de The Doors, seguidos por varias estrellas mayores y menores del cine.

Nuestro gurú, Sri Ravi Shancar nació en 1956 y –cuenta la leyenda- que durante su adolescencia participó del movimiento de Meditación Trascendental guiado por Maharishi. Sin embargo, en 1980 se abrió de su maestro para ponerse en cuenta propia. En realidad, Shankar estuvo poco tiempo con Maharishi, el suficiente para aprender bien la sustancia de MT. Su biografía oficial –una verdadera hagiografía- señala que Shankar ya sabía de memoria el Bhagavad Gita –el largo poema que constituye el principal de los escritos sagrados en la India- a los cuatro años. Pero su hermana no tiene empacho en declarar que detesta la lectura: “Nunca ha leído un libro; lee una página y ya se queda dormido”. ¿De dónde ha aprendió todo? Sólo cabe una respuesta: de Maharishi. Los dos demostraron ser sujetos inteligentes y astutos. Los dos demostraron ser ególatras. Por eso no pudieron estar juntos mucho tiempo. Shankar, cuando estimó que ya había aprendido lo suficiente, se fue. Por los testimonios familiares que conocemos, lo que mostró desde la infancia no era un conocimiento del Bhagavad Gita, sino una ambición desmedida, una buena inteligencia y un temperamento audaz, que le impulsaba a arriesgar para conseguir lo que quería. Dejó los estudios –con esa afición por la lectura no es de extrañar-, dejó su primer trabajo, dejó a Maharishi... y terminó saliéndose con la suya. En 1982 fundó en California “El Arte de Vivir, un centro destinado a difundir el despertar de la conciencia, el bienestar humano y la paz a nivel global", según reza el propio canon. Actualmente, tiene una estructura muy bien pensada, "casi como una estructura empresarial con llegada en todo el mundo". En sus centros, brindan cursos pagos donde, "enseñan técnicas de respiración y meditación para eliminar toxinas y el estrés". En Argentina muchas figuras del espectáculo, la música y la polìtica recurren a las técnicas de esta fundación, como Graciela Borges, Mauricio Macri, Domingo Cavallo, Charly García y hasta Marcelo Tinelli.

La Fundación, como la llaman sus adeptos, tuvo su primer contacto local con el macrismo en 2008, cuando su fundador, fue recibido por la plana mayor del PRO y hasta obtuvo un reconocimiento en el Senado de manos del ex vicepresidente Julio Cobos. En 2008 una foto oficial muestra a Mauricio Macri, el gurú, Gabriela Michetti y el rabino Sergio Bergman. La Ciudad firmó en ese momento un convenio de cooperación con lo que algunos llaman sin eufemismos "secta". La Fundación, en principio, imparte lecciones acerca de cómo mejorar la relación cuerpo, mente y alma, para lo cual se vale de técnicas del yoga clásico, meditación y abreva en las enseñanzas fundamentales del budismo.

Todo bien, hasta que empezaron los rumores que el gobierno de la provincia de Buenos Aires le había pagado dos millones de pesos al gurú para dirigir el megaevento de meditación realizado en los bosques de Palermo (bajo el lema "Si sucede, conviene" ) el pasado domingo. Mauricio Macri tuvo que salir a desmentir. Consultado por Radio 10 respecto de si la presentación pública de Ravi Shankar "costará plata" a la Ciudad, contestó que no, y cuando se le preguntó si se le pagarán "dos millones de pesos", indicó: "Esas son cosas que no sé quién ha tirado al aire".

Como segunda premisa de este artículo, podemos afirmar que la India no se ponen objeciones a que montajes religiosos ganen millones de dólares (léase Osho Rajneesh, Sai Baba, Babaji o Amma Amritanandamayi, una santona de Kerala que se permitió el lujo de donar un millón de dólares para los damnificados del huracán Katrina en Estados Unidos) y menos aún cuando, como suele ocurrir –y AV no es una excepción-, financian algunas obras asistenciales y educativas.

A su vez podemos afirmar que el hinduismo, con su sincretismo, su flexibilidad para adoptar elementos extraños y su facilidad de hacer malabarismos con los términos, se aprovecha de ello para presentarse como un “producto arreligioso” coincidente con la tendencia espiritual o la moda intelectual del momento y disfrazar su oferta de acuerdo con ello. Maharishi y Shankar son buenos ejemplos, pero desde luego no los únicos ni los primeros, ni probablemente sean los últimos. El mercado de lo espiritual es tan suculento (genera tantas ganancias invirtiendo tan poco) que todo lo que suena a técnica fácil de autoayuda es muy tentador, tanto en Occidente como en Oriente, y no debe extrañar por tanto que proliferen charlatanes, farsantes y vendedores de “elixires” milagrosos. En la India más de uno señala a Ravi Shankar como vendedor de “jarabe de yoga”, lo que puede ser un etiquetado bastante bueno. Desde luego, lo que se ve hurgando su biografìa muestra más a un actor que a un profundo meditante o un asceta que recorre la senda señalada por la literatura sagrada indostánica.

¿El arte de vivir? Sin duda Sri Ravi Shankar ha dado sobrada prueba de este arte, a su fortuna personal solo se la cuenta con seis dígitos. Manual básico del “Gurú para un occidente desquiciado”. Primero inicial. En fin.

martes, 4 de septiembre de 2012

MI MAESTRA

Tengo una tía (“La Vanna”) a la que le debo haberme inculcado desde niño el placer de la lectura, el mundo, el universo de los libros. Con sus ochenta y cinco años no deja de leer: En la mañana, en las largas siestas sanjuaninas, en la noche antes de dormir. Desde que tengo uso de razón Juana lee todos los días. Es una Penélope que lee y deslee textos. Es más, no podría concebirla sin uno entre sus manos. Juana Azeglio es una lectora sibarita, en mi vida es sinónimo de literatura, de autores clásicos, de “altas cumbres” en materia de letras. Amén del amor que me prodigó desde niño-adolescente-adulto, en nuestro vínculo siempre estuvieron presentes los libros. A ella le debo haber leído “El Canon”: Kafka, García Márquez (del que profetizó- en el 71- que algún día sería Nobel), Juan Rulfo, Guy des Cars, Pirandello, Mario Vargas Llosa (idéntica profecía que para Márquez con solo haber leído un libro: “Los cachorros”) Stefan Zweig, Verne, Salgari, Joyce, Borges, Somerset Maugham; Tolstoi, Dostoievski, Gogol, Chejov…. “La Vanna” tenía una debilidad por los autores rusos, era capaz de describirte San Petersburgo (que para ella jamás fue Leningrado) como si hubiera estado realmente allí.
Sé que a esta altura alguno habrá pensado que era profesora de literatura: No. Toda su vida fue maestra. Empezó siendo muy joven. En el “Quinto Cuartel” de Pocitos. En los cuarenta. Viajando todos y cada uno de sus días convencidísima de la máxima sarmientina: “hay que educar al soberano”. Tenía anécdotas e historias de esa época, que harían quedar a “Cien Años de soledad” como un experimento literario típico del “realismo socialista”…
A pesar de su magro estipendio nunca dejó de comprar libros, siempre hubo una nutrida biblioteca en su casa: de oferta, tapas blandas, duras, viejos, nuevos, seminuevos, prestados y….”los incunables”: Esto es, ediciones en papel biblia de los clásicos rusos a los que solo unos pocos elegidos teníamos acceso. “La Vanna” había tardado literalmente años en pagarlos. Eran su tesoro más preciado. No, miento, su tesoro éramos nosotros: sus sobrinos, a los que no solo nos conocía como a la palma de su mano, sino que nos dio hasta lo que no tenía. Siempre incondicional, generosísima, honesta, pudorosa, juiciosa, didáctica, tozuda.
A pesar de los libros leídos habría llegado a un tipo de sabiduría toda suya y particular. Una sabiduría que se encuentra –quizá- en las antípodas de la erudición. He aquí el gran contrasentido: mi tía Juana conocía la naturaleza humana por experiencia directa. Quiero decir, nunca escribió un ensayo de psicología. No frecuentó las aulas de ninguna facultad de antropología o de sociología, pero conocía perfectamente el lenguaje de las miradas, de los gestos, de los ropajes, de los códigos y modos de la fauna humana. En la mirada de las personas, en las muecas, en la humanidad de sus numerosísimos alumnos había aprendido a leer “el gran libro de la vida”. Hacía pocas o ninguna citación de libros o de autores, al contrario, daba la impresión de despreciar —paradójicamente— las palabras. Porque quizá sabría que entre las palabras y el mundo real hay un divorcio, una disgregación abismal. “¡Ya has estado leyendo al viejo-gorila!” me gritaba (por Borges); o “Que retorcido para escribir el rusito-tísico ¿No?” (por Kafka). “Ese pendejo es un pesado, se cree que se las sabe todas y no sabe nada: muy de tu generación” (la primera vez que le di a leer Rodrigo Fresan). “Este leguleyo escribe para los esnobs, no se le entiende ni jota” (por Cesar Aira) Mi tía, mi Vanna jamás dejó de enseñar, también con sus silencios transmitía cosas cuando fumaba sentada en un escalón del patio de su casa porque –como es sabido- las palabras deforman el sentido secreto de las cosas. Siempre que expresamos algo, nos parece deformado, inconcluso, imperfecto.
Hoy nos miramos casi sin hablarnos, porque ya nos hemos dicho todo. Aun así me sigue enseñando como se trasmite el amor: en silencio. Al fin y al cabo es maestra.

domingo, 8 de julio de 2012

Mi primer Casamiento igualitario

El viernes 22 de junio y el sábado 23 asistí al primer matrimonio igualitario de mi vida. No se estaba cayendo el World Trade Center; ningún general estaba conquistando por asalto algún pedazo de tierra. Ningún prócer estaba pronunciando frases con reverberaciones libertarias para algún futuro imperfecto. Sin embargo, estaba seguro que vivía un punto de inflexión en la historia de nuestro país: el de la posibilidad que dos personas de un mismo género se unan en matrimonio. Es que (debemos admitir) hemos sido- y somos- una sociedad bastante homofóbica; producto de una cultura homofóbica con profunda raigambre en la matriz judeo-cristiana de pensamiento (o símil monoteísta). Las primeras referencias de condena a la homosexualidad se remontan a la biblia, el libro de Levítico describe a las relaciones entre “hombres del mismo sexo” (para el machista de Jehová las lesbianas no existían) como una "abominación" que ameritaría la pena capital como castigo. Además, la atracción sexual hacia la gente de un mismo género es considerada de inspiración diabólica en todas las comunidades cristianas de orientación fundamentalista-evangélica que se precie de tal. Mientras que la Iglesia católica (hoy en día mucho más “polite” que antaño) admite que no es pecado ser gay, sino practicar la homosexualidad (sic)… Musulmán - por ejemplo- y Gay son términos excluyentes. La homosexualidad es considerada un delito y está prohibida en la mayoría de países mahometanos, que pueden terminar en la lapidación del implicado, ante una caída de pluma o el menor quiebre de muñeca.

Unos datos reveladores sobre las consecuencias profundas, que la aceptación de la homosexualidad tiene en nuestra cultura, son las cifras del informe sobre la incidencia de la orientación sexual en los intentos de suicidio entre adolescentes. Según un informe publicado en el “American Journal of Public Health” (en Argentina no hacemos investigaciones equivalentes) el 28,1 % de los adolescentes varones homosexuales en EEUU habían intentado suicidarse, frente a un 4,2 %, entre los adolescentes varones heterosexuales. Siempre según este artículo, treinta de cada cien suicidios entre jóvenes son cometidos por gays y lesbianas, a pesar que este sector de la población no supere el 10% de la misma, lo cual supone un índice de suicidio tres veces mayor. Tal y como señala el sociólogo español Juan Perez Jiménez, “si estos números no nos conmueven hasta el estremecimiento, es que debemos estar muy seguros de que personalmente hacemos todo lo posible para que eso no sea así”. Pero si este no es el caso, deberíamos reflexionar sobre qué es lo que lleva a un tercio de ese sector joven de la población a desear su propia muerte. Qué mensajes implícitos les hace llegar una sociedad que se vende como abierta, libre, tolerante y justa. En este sentido, y con la ley de matrimonio igualitario (mas la de identidad de género) la argentina empieza a dar claras señales de tolerancia, de virar en timón hacia otro rumbo. Empezamos a admitir que el aumento de la visibilidad de gays y lesbianas es un ingrediente más en el nuevo rompecabezas de relaciones y roles emocionales de la posmodernidad. La mera aceptación de su existencia y el reconocimiento de todos sus derechos enriquecen un escenario social donde los roles clásicos y excluyentes empiezan a desmoronarse. Como decía arriba, se casaban Leonardo Di Cecco y Claudio Jensen. Una pareja que hacía diez años habían decidido compartir todos y cada uno de los días de sus vidas en virtud del amor que se profesan. Para los homofóbicos (y políticamente incorrectos) que estén leyendo este artículo -y que piensen que aquello era una “maricoteca”- temo desilusionarlos: si bien lo excepcional era que hubieran dos maridos en la boda, si bien se celebró en un exclusivo country de Pilar, si bien había “finger food” y otras delicatesen, todo fue de lo más normal. Quiero decir, suegros/as, hermanas/os, cuñados/as, primas/os, tíos/as, sobrinas/os, niños de todas las edades y una cohorte de amigas cómplices (de las cuales Lorena mi mujer era la primera) comimos, bailamos y brindamos hasta más no poder. Celebrábamos la unión de nuestros amigos. Todo fue tan argentino y tan cotidiano… que hasta parecía peronista.



Fuentes: “Síndromes Modernos” Juan Carlos Pèrez Jimenez. Madrid Esparsa Calpe 2002

lunes, 2 de julio de 2012

El escándalo por abuso sexual de menores en los Testigos de Jehová: El “lado B” de una de una imagen que pretende ser perfecta

Digamos que “la cuestión de la sangre” en los Testigos de Jehová es el asunto más noto al gran público ya que -inevitable y cíclicamente- algún Testigo se deja morir o deja morir a un familiar negándose a transfundirlo. El otro argumento menos noto, pero no menos grave, es el de las acusaciones por abuso sexual de menores. Me explico:

En el año 1998 un “anciano” (ellos a sus “pastores” les llaman ancianos) de Kentuky llamado Bill Bowen, llenando unos archivos confidenciales de su congregación, encontró un caso de abuso sexual de una menor que databa de 1980. El abusador era otro anciano al que Bowen conocía perfectamente, ya que había administrado su misma congragación en los últimos veinte años. Para la propia sorpresa, al revisar el archivo notó que no solo no se había reprendido al abusador, sino que jamás se había dado parte a la policía. Bowen empezó a interrogar sobre el asunto a sus superiores, pero rápidamente fue llamado al silencio por parte de las autoridades internas, e instado dejar las cosas como estaban. Por esa misma fecha el caso de Erica Graza -una chica que cuando tenía once años había sido abusada sistemáticamente por un anciano de su congregación- tuvo mucha repercusión en los medios estadounidenses. A raíz de esto Bowen puso un aviso en Internet para ver si había otros casos parecidos. Según lo describe Bowen, “la réplica fue una avalancha de respuestas cargadas de dolor y frustración”. Cientos de Testigos de Jehová que habían sido abusados y silenciados dentro de la Organización. A raíz de esto Bowen denunció el caso de su propia congregación y de varias otras personas. A este escenario se le sumó Bárbara Anderson: una Testigo de Jehová que había trabajado en Bethel (la sede central de la organización) durante últimas dos décadas. Inmediatamente se puso en contacto con Bowen; le dijo que ella tenía muchos casos más para añadir a su lista. A principios de 1990 uno de los líderes internos de la organización, le había pedido a Anderson que buscara dentro de los archivos internos, el manejo de los casos de abusos de menores dentro de las congregaciones. Lo que encontró (según sus propias palabras) la enfermó: 5000 informes (files) de abuso sexual contra niños referidos a unas a 23.000 personas que en EEUU, Canadá, Europa y América Latina. Todo esto guardado en el más absoluto de los secretos no solo para la gente foránea, sino para los miembros dentro de la organización. Bowen hizo público el asunto en una carta escrita al New York Times en agosto del 2002. Y fue inmediatamente expulsado de los Testigos por causar “divisiones internas”. A esta, le siguieron las expulsiones de Barbara Anderson y su marido, luego de 42 años de intachables servicios dentro de los Testigos. Distintas cadenas de noticias y programas de investigación periodística, se hicieron eco del asunto emitiendo emisiones especiales dedicadas al tema. Entre los más famosos figuran el programa de la BBC de Londres Panorama; Jehovah's Witnesses documentary 'Suffer the Little Children', El noticiero de la NBC Y CBS con su programa “El ojo de América”. Los escándalos se propagaron con denuncias judiciales en varios estados de Norteamérica extendiéndose hasta Europa. El 8 de abril del 2003, el programa televisivo Misión Investiga que se emite en la televisión sueca, realizó un programa especial con un número importante de miembros que fueron abusados durante su niñez y se acusó la congregación de “proteger a pedófilos” .Las autoridades de los Testigos iniciaron querellas judiciales por calumnias contra el programa, pero la justicia terminó absolviendo a los periodistas.

Anderson en 2008 publicó un libro "Los testigos de Jehová en crisis: secretos de pedofilia en una religión estadounidense ", que contiene comentarios y unas 5000 páginas de documentación y registros judiciales de cortes en cuatro estados de EE. UU. En el libro Anderson critica duramente e la forma por la cual se trata dentro de la organización los casos de abuso y pedofilia. En él cita la revista “La Atalaya” del 1 de noviembre de 1995 donde se trata el tema y el procedimiento a seguir por parte de la congregación en caso de abuso sexual o de pedofilia, en páginas 28-29, del artículo, “Consuelo para los que tienen un espíritu herido, bajo el título ¿Qué pueden hacer los ancianos? Simplemente declara: “En el caso de que se niegue la acusación, los ancianos deben explicar al acusador que no puede tomarse ninguna medida judicial. La congregación seguirá viendo al acusado como inocente. La Biblia dice que debe haber dos o tres testigos antes de que pueda tomarse acción judicial (2 Corintios 13:1; 1; 1 Timoteo 5:19.)”.

Ante esta afirmación cabría preguntarse: ¿Qué tipo de pedófilo sería capaz de cometer semejantes actos delante de al menos “dos o tres” testigos oculares? ¿Uno subnormal? ¿Uno particularmente desviado y pervertido acaso? Lo cierto es que, debido al tipo de procedimientos que se siguen dentro de las congregaciones para tratar el caso de los pedófilos, los Testigos de Jehová, se han transformado (según boca del mismo Bowen) en un paraíso para los mismos. De hecho William Bowen ha fundado una ONG llamada “Silent Lambs” para dar apoyo psicológico y asistencia jurídica a las víctimas y desde la misma reclama que la organización -para mantener su imagen- ha hecho lo imposible porque estos casos no transciendan (llegando a acuerdos extrajudiciales millonarios) y protegiendo a los abusadores en detrimento de las víctimas. Los testigos de Jehová, en vez, creen que las críticas hacia ellos han sido causadas por Satanás el Diablo, «gobernante de la Tierra, sus medios de comunicación y todos los gobiernos»… Bueno, debemos acotar algunas cosas. En primer lugar, que ellos cultivan la ilusión de ser constantemente perseguidos. En muchos países realmente lo son. Y lo hacen saber. Pero en los países donde no son molestados por el gobierno o las instituciones, interpretan cada pequeño gesto de indiferencia u enemistad de los demás, como un gesto de hostilidad. La “persecución” presentada por ellos como un fantasma omnipresente y les es funcional en tres aspectos: por un lado les auto confirma que son los depositarios de la “verdad”, porque de acuerdo a sus creencias, quien posee la verdad debe necesariamente ser perseguido. Por otro, la existencia de “enemigos externos”, contribuye a la cohesión del grupo. Y por último, los Testigos de Jehová tienen una larga experiencia en transformar cualquier tipo de conflicto con el estado o similares, en ocasiones propagandísticas, explotando la corriente de simpatía de la que es objeto, aquel que se presenta como perseguido.



Fuentes: Armando Azeglio “Los Testigos de Jehovà: Historia y Anatomìa de una secta” Libro inèdito.

Programa BBC: http://www.youtube.com/watch?v=ZYd_0zwbB24

Programa NBC: http://www.youtube.com/watch?v=QLAC9kS_EqM

http://www.youtube.com/watch?v=DwaTInB9xT8&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=R1PEuZMce0c

domingo, 3 de junio de 2012

La cuestión de la sangre en los Testigos de Jehová: una saga de casi un siglo

En mi opinión “la cuestión de la sangre” en los Testigos de Jehová tiene mucho que ver con los hombres y poco con Dios (lo que sea que eso signifique para cada uno de los lectores). El primer hombre de la saga que quiero reseñar es Joseph Franklin Rutherford, quien fuera el segundo presidente de la sociedad Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania. Rutherford fue un abogado de Misuri que en 1906 se bautizó como testigo y diez años más tarde se hizo con el control total del ente jurídico- comercial que regía la vida de esta denominación cristiana. La historia lo describe como un hombre agresivo, propenso a comportamientos radicales y violentos. En sus discursos identificaba a la Iglesia Católica como el principal enemigo de Dios y por consiguiente el más grande enemigo de toda la sociedad, la acusaba de ser la “madre de todas las abominaciones que hay en la tierra”, “cuna del satanismo” y “la gran ramera del apocalipsis”. Dentro de la organización no admitía disensos, su autoridad era incontestable. Bajo su administración se prohíbe por primera vez comer sangre (1927); celebrar la navidad (1928). El uso de la cruz como símbolo (1928). Desde 1936 los Testigos debían abstenerse también de aquellas vacunas que contuvieran productos originarios o derivados de la sangre. En 1935 prohíbe el saludo a la bandera. Luego incluye a la lista de prohibiciones la celebración de la fiesta de cumpleaños, y el festejo del Día de la Madre (al que Rutherford calificó como el resultado de una “conjura feminista”). Para legitimar el asunto de la sangre se citaban los textos de la biblia Gén 9 3:4; Gén 9 5:6; Lev 7 26:27; Lev 17:10; Lev 17:11; Lev 17:12; Dt 12 23; Dt 12:24; Hch 15:29.




El segundo hombre de nuestra saga es Nathan Homer Knorr, el tercer presidente de la Sociedad que asume en 1942 (y que jamás engendrará hijos). Durante su gestión la negativa referida al consumo, o la asunción de sangre por cualquier vía, pasa a ser obligatoria. A partir de la década del 50 Knorr endurece totalmente su posición al respecto: los Testigos que aceptaban transfusiones de sangre para sí o para sus hijos debían ser expulsados de la organización. Aquí es donde los testigos con problemas relacionados al flujo vital empiezan a dejarse morir como moscas; o a dejar morir a sus retoños sin más. El hecho empieza a dar lugar a una serie de controversias e iniciativas legales que los llevó a los tribunales de todo el orbe, sobre todo aquellos padres que dejaron morir a sus hijos (ante la estupefacción de opinión pública), rehusando obstinadamente de transfundirles sangre o componentes de la misma.

El tercer hombre de la saga es Frederick Franz, el cuarto presidente de la organización y sucesor de Knorr. En un opúsculo llamado “¿Cómo puede salvarle la vida la sangre?” Frederick Franz (quien también jamás tuvo hijos) deja clara cuál es la postura de Watch Tower al respecto, describiendo el denominado “Concilio de Jerusalén”, y la carta enviada por los apóstoles a los ancianos de Jerusalén, registrada en Hechos 15 donde se utiliza él termino (apékomai) “abstenerse” en conexión con cosas sacrificadas a los ídolos, la sangre y cosas estranguladas. Pero los exégetas de la biblia insisten que el termino griego que ellos utilizaron para traducir el texto bíblico (apékomai) tiene el significado básico de “apartarse de” y no “abstenerse de”, lo que puede relativizar el uso de la sangre. Pero esto último interesa poco al feligrés común que -o mejor dicho- tiene pocas o ninguna herramienta para verificar la veracidad de la traducción del griego antiguo (traducción que puede significar la diferencia entre la vida y la muerte de miles de personas) , si el “Cuerpo Gobernante” exhorta que “abstenerse de la sangre significa no introducirla en su cuerpo, de ninguna manera”… el Testigo raso seguirá esta orden a pies juntillas. El Cuerpo Gobernante funge como órgano máximo de dirección y tribunal supremo del movimiento con sede en Brooklyn. Este órgano es una suerte de cuerpo colegiado de directores, revestidos con un halo de sacralidad (para ser miembro de esto consejo es necesario "ungido" o "elegido"). El Cuerpo Gobernante se ha arrojado a lo largo de casi una centuria la infalibilidad en la interpretación de la biblia; y esto suscita en feligrés común no solo un profundo sentimiento de admiración hacia ellos, sino una obediencia ciega hacia sus dictámenes. Desobedecer sus mandatos y se lo considera “pecar contra espíritu santo” y –ellos aseguran- esto no tiene perdón de Jehová Dios. Por lo tanto todo lo que atañe a los Testigos de Jehová hay que tomarlo con “resignación”: una palabra muy parecida a otras palabras. Parecida a mansedumbre, a sumisión, a renuncia, a paciencia, a sometimiento, a aceptación. Parecida a conformidad. Pero una palabra algo distinta a todas ellas también. Cargada hasta el tuétano de fatalidad. Tomada como un cuerpo enfermo por lo inevitable. Una palabra que pretende transformar en fortaleza, la debilidad más absoluta. Que se propone expresar de una manera más o menos humana, la tan precaria relación con lo animal que llevamos dentro. O la igualmente precaria relación con lo divino, que nos lleva a los tropezones desde afuera, y desde hace ya milenios.