domingo, 27 de septiembre de 2009

SERIAL KILLER


A veces –y ante la cotidiana constatación de lo contrario- se me antoja que de la herencia de tantos, tan grandes y tan buenos pensadores, los humanos nos hemos quedado con la ingenuidad de Rosseau (gran ganador de la batalla de la Ilustración) sin prestar atención al prudente relativismo de Voltaire, o a las oscuras advertencias de Sade, quien -a inicios de la era republicana- fue sin dudas el mas perturbador de los profetas del individualismo exacerbado. Sade ( en su dimensión menos conocida) imaginó una sociedad futura de seres absolutamente anónimos y reducidos a una dimensión de “objetos intercambiables”, funcionando solo en virtud sus pulsiones sexuales: evidentes o sublimadas. Profetizó la futura subordinación de todas las relaciones sociales al moderno concepto de “mercado” y a la venta de placer como única empresa vital. Como vemos se acercó demasiado a como están las cosas hoy en la “aldea global”.... pero tratarlo en profundidad exigiría mucho más que un simple artículo.
El pensamiento generalizado, dijimos, que rige hoy las democracias occidentales -y todas nuestras instituciones- parte del viejo axioma “russeauiano” que el hombre es bueno por naturaleza y que, por lo tanto, todos lo males en que ha incurrido a lo largo de la historia son producto de condiciones externas. La violencia, la agresividad, las adicciones, la discriminación racial y sexual, las guerras...no están en la naturaleza humana, sino que le han sido impuestas por formas de vida equivocadas o por sistemas fallidos. Pero perfeccionables “ad infinitum”. El hombre llega a la vida puro y blanco, es solo el condicionamiento externo lo que le convierte en un futuro asesino o un futuro benefactor de la humanidad. Las decisiones de varias generaciones de políticos, el pensamiento de varios intelectuales, el accionar de miles de instituciones hasta el día de la fecha se han basado en esta axioma. Es entonces -y como emergiendo de los sustratos mas profundos del inconsciente colectivo- cuando surge la figura del “asesino serial”, el psychokiller, el asesino psicópata: el antihéroe por excelencia de la posmodernidad. Surge encarnando el Mal (así con mayúsculas), el lado oscuro del ser humano, todo aquello que -formando parte íntima de nuestro atávico acervo genético- nos hemos de alguna forma esforzado por negar y enterrar como si jamás hubiera existido. El serial killer es tanto un ser humano real como una neo-criatura mitológica, creada y recreada sea por la cultura de masas, como los medios de comunicación y la cultura pop. Es algo así como la suma imaginaria de todos los miedos del hombre moderno, pero con una presencia cíclica, escalofriante y con mucho asidero en nuestra realidad. El concepto nace – como no podría ser de otra forma- en la patria de la posmodernidad práctica (la teórica dejémosela a los franceses) en el país que inventó el cine, el cómic, el rock and roll, la comida rápida, Disneylandia, Hollywood y Las Vegas. Este tipo de persona mata porque sí, reiterativa, compulsivamente, sin un motivo aparente, con estudiada frialdad, con cultivada pericia y delectación. La experiencia ha demostrado que la mayor parte de ellos son hombres jóvenes, de una edad comprendida entre los 27 y los 30. Suelen ser de raza blanca, muy inteligentes y de aspecto anodino e incluso agradable. Solo que en lugar de tomar el desayuno por la mañana, hacerse el nudo de la corbata, arrancar el auto y sentarse en una computadora a trabajar, es altamente probable que bajen a un oscuro sótano insonorizado y se dediquen a torturar a su tercera o cuarta víctima. O se dedique a jugar un rato con ciertos “souvenirs” que le han sobrado de alguna carnicería pretérita: restos humanos que devorará, conservará o utilizará como un fetichista adminículo decorativo.
La mayoría de ellos proviene de familias de clase media, con una infancia normal, aunque alguno ha sufrido malos tratos de parte de los padres. Su vida familiar es generalmente insatisfactoria. Pero en cualquier caso ni la pobreza, ni la falta de medios parecen tener algo que ver con su determinación criminal. Cualquiera puede ser un serial killer, es más, la mayoría de las veces aparenta ser muy poca cosa. Puede ser ese vecino tímido que nunca saluda, el callado gordito de la esquina del que apenas sabemos algo o, por el contrario, ese joven espléndido y extravertido que les da siempre el asiento a las ancianitas en el colectivo. Puede ser un gris burócrata de escritorio (valga la redundancia), o el técnico que vino los otros días a conectarnos la línea del teléfono. Todos y ninguno, el auténtico hombre de la multitud de Edgar Allan Poe. De ahí la dificultad que tiene la policía para atraparlo.

domingo, 6 de septiembre de 2009

DESPENALIZACIÓN


El estilo de vida que hemos creado no basa su razón de ser en la satisfacción de las necesidades del individuo, sino en su contrario: la perenne insatisfacción. Diseñadores de modas y de autos, supermercadistas, almaceneros, peinadores, manufactureros, etc. etc. necesitan un individuo constantemente insatisfecho para que consuma y que la economía no se “enfríe”. El famoso “círculo virtuoso” del consumo de los economistas. Entonces siempre debe haber un producto más lujoso, un coche más grande, un celular mejor, un producto de última generación, un accesorio que no viene en serie, un modelo que no tenemos.
De todos los papeles que puede desempeñar el ciudadano contemporáneo, la vida actual promociona particularmente dos: el de consumidor y el de espectador. Y podríamos decir que el consumo de drogas recreativas no hace otra cosa que la consecuencia del constante ejercicio de ambos roles. Por otro lado –dicho sea de paso- los medios jamás reflexionan sobre cuál es el atractivo de consumir drogas (porque alguno debe tener en cuanto mantiene encandilada a gran parte de la población mundial).
Pero más allá de frivolizar sobre el tema, se puede decir que vivimos en un tiempo donde las emociones más fuertes y disímiles se nos ofrecen como cotidianas. En el que a diario –y mientras comemos- en la pantalla del TV, no solo nos bombardean con una publicidad que nos recuerda cuán “incompletos” o insatisfechos estamos, sino nos relatan las mayores tragedias, los éxitos más refulgentes, las alegrías y las desgracias más extremas. Contra eso nuestra pobre, gris y simple existencia mortal se queda corta. No hay como competir contra tanto abalorio y tanta fanfarria post-producida. Ante esto los jóvenes -sobre todo ellos- desean acceder a estas vivencias de alto voltaje que tanto se promocionan, ya que la existencia de las mismas para otros, es más que evidente. En ese contexto las drogas son un vehículo fácil para potenciar las emociones. Además, el repertorio de productos clandestinos o legales es tan amplio, que cada sábado a la noche se puede optar entre estar eufórico, relajado, hiperactivo, ensoñado o extasiado…. Por otro lado esto no es nuevo, ya lo decía el viejo tango a principios del siglo pasado:“no se conocía cocó (por cocaína) ni morfina, los muchachos de antes no usaban gomina”.
Las drogas se convierten en una indumentaria del ocio, como la ropa, el peinado o la música, la droga es un accesorio más. Solo hay que elegir el registro que se quiere explorar ese día y siempre hay una sustancia o combinación de sustancias que lo activen: si no pregúntenle a la gente que organizan “la previa” antes de entrar a bailar, que se afanan día a día en lograr combinaciones más locas que dejan cada tanto algún pibe en coma etílico.
La adicción adopta formas infinitas y se ha normalizado tanto que lo extraño es no tener ninguna, desde el consumo de pornografía, pasando por el alcohol, los tragamonedas, la TV, los videojuegos, el fútbol, Internet, la comida, el trabajo, el deporte o inhalar pegamento. Estados Unidos (el paraíso terrenal del consumo) cuenta con catorce millones de consumidores de drogas ilegales, doce millones de tomadores compulsivos, sesenta millones de adictos al tabaco, cinco millones de ludópatas (adictos al juego), quince millones de adictos a las compras.
Despenalizar, es un signo de madurez social, es reconocer que hay un problema, una disfuncionalidad colectiva profunda anterior al consumo de estupefacientes y de la cual el adicto es solo la consecuencia. Esto por no mencionar el consabido hecho que para que haya tráfico de sustancias ilegales, es necesario la existencia de silencios cómplices, de gente que mire hacia otra parte y no haga bien su trabajo, mientras los narcos hacen el suyo.

domingo, 16 de agosto de 2009

EL SANTO DE LA ESPADA




Cualquier prócer de la historia argentina puede ser cuestionado, debatido, sometido a polémica, excepto San Martín. Con San Martín no se jode. Increpar la figura del General es como “traición a la patria”, no está permitido. En la escuela, sobre todo las maestras, nos hicieron crecer con la idea que el Libertador era un semidiós. La historia que nos transmiten es linda como una fábula. Bella y hasta cierto punto naif, pero nadie se la cree: Entonces: ¿Quién fue de verdad el General San Martín? Y sobre todo ¿Cuáles fueron sus motivaciones más íntimas?
Su hermano masón, Bartolomé Mitre, nos cuenta que nació en Yapeyu, en 1778; y que fue hijo de un capitán español Juan de San Martín y su esposa Gregoria Matorras, ambos de Palencia. Cuando el pequeño José tenía cinco años la familia vuelve a España. Ahí cursa sus estudios primarios en el Seminario de Nobles de Madrid. Cuando el prócer tenía solo once años, su padre lo interna como cadete en el regimiento de Murcia, donde crece y se forma en la atroz disciplina del ejército profesional español. En 1791 sabemos que combate en África. Que guerrea sin tregua y con valor inusitado durante treinta y tres días al frente de su compañía. Tenía solo trece años. Durante los próximos cuatro lustros no conocerá otra vida familiar que la de los cuarteles. Ni una palabra de más, ni una imprudencia, ni una indisciplina, ni la sombra de una insubordinación, ni un desliz, ni un amor, ni una pasión que se sepa o haya quedado registrada en la historia. Todo es impecable, austero, marcial y disciplinado en la vida de este joven hombre.
Cuando lo condecoran en 1808 y 1811 por las batallas de Bailén y Albuera está convertido en un teniente coronel de solo treinta y tres años: curtido, callado, profesional, conocedor como pocos del arte de la guerra en el viejo mundo. Ha combatido contra moros, ingleses, franceses y portugueses. Las ha pasado todas: batallas navales, sitios, disturbios, motines, ajusticiamientos, ofensivas a campo abierto y demás. De todo. Siempre al servicio de España.
Criado en el ejército, educado en Madrid, hijo de españoles, valiente y adusto pareciera que está en ventaja respecto de sus pares para ascender como ninguno dentro del ejército, pero esto no sucede…
Sabemos que 1812 se embarca hacia la Argentina para ponerse a disposición del gobierno democrático aún en formación. Permanece en el país solo diez años. Dirigirá brillantemente toda la guerra revolucionaria de liberación contra España, esto es, contra todo el universo al que había pertenecido durante su vida. Esta guerra no solo lo consagraría como exitoso revolucionario, como brillante estratega, como incansable organizador. Sino que el conflicto lo llevará hasta Perú, donde el 26 de julio de 1822, en la ciudad de Guayaquil se entrevista con otro hermano masón suyo: Simón Bolívar. Nadie sabe que se dijeron en esa reunión, y por esto la misma está envuelta de misterio. Lo cierto es que después de ella renuncia a su cargo de Protector del Perú (poco menos que un Virrey) y ese mismo año -a la muerte de su mujer- elige volver a Europa, para educar a Merceditas, su única hija donde permanecerá los siguientes 28 años. Mi profesora de historia de tercer año nos decía, que San Martín se retira de la escena porque “detestaba las luchas entre hermanos”. Pero vemos que el libertador no había hecho otra cosa que luchar – y de manera sangrienta – contra sus hermanos españoles desde hacía diez años (contra papá, contra mamá, contra el Seminario de Nobles de Madrid y contra todo el universo militar que lo había visto crecer). Por lo tanto esa no podría ser la motivación. ¿O se refería quizá la profe al episodio de 1820 en que gobierno de Buenos Aires le pide volver desde Perú para aplastar la anarquía que empezaba a reinar en la Argentina y el contesta: “Jamás derramaré sangre de mis compatriotas, solo desenvainaré la espada contra los enemigos de la independencia de América”? Pensemos un instante ¿Qué otra cosa se disponía hacer en el Perú sino desenvainar la espada contra compatriotas donde lo esperaba “otra guerra civil”?.. el curtido soldado –al que jamás le temblaba el pulso- solo combatía contra rivales “ideológicos”. Ese es otro cantar. Cuando en 1829 rompe el exilio voluntario y vuelve a Buenos Aires, los mensajeros de Lavalle le dan desconfianza, huele conspiraciones en el aire y decide no desembarcar. Rechaza el pedido de hacerse cargo del gobierno y vuelve a Francia para siempre. Desconcertante actitud. Dotado para el mando y la organización; preparado y honesto, parece ser que hay cosas que lo asquean o lo espantan: la pleitesía y las intrigas palaciegas de poca monta. Huye de ambas.
No me puedo olvidar una vez que Maradona -con su peculiar estilo- dijo que para él “El Ché” había sido más grande que San Martín ¡Y me banco lo que digo! Agregó haciéndose con pulgar e índice una seña en la barbilla… ¡Error Diegote! Hay paralelismos asombrosos ente ambas biografías.
Los dos fueron educados en la clase alta con principios que luego rechazaron
Los dos se enamoraron de grandes utopías: Guevara de la socialista, San Martín de la Revolución Francesa y la democracia.
Ambos eligieron un país para aplicar sus ideales: uno Cuba, el otro Sudamérica
¿Cuál fue la patria de Ernesto Guevara? ¿Argentina, Cuba o Bolivia por la que dio la vida?
¿Cuál fue la patria de San Martín? ¿La Argentina que le vio nacer y a la que liberó? ¿España que lo educó y lo vio crecer? ¿Francia, la que eligió para morir?...
Ama a su patria pero decide irse lejos. A la hora de elegir un lugar donde estar en paz, un lugar donde ser feliz y educar a su pequeña no elige la Argentina. Pelea por el poder, pero una y otra vez siente el impulso de “renunciar a todo” y alejarse. En esos momentos -de carne y hueso- da la sensación de no saber cuál es su nación, ni siquiera quién es el mismo. Es en esos momentos de titubeo es donde el general me gusta más, porque entreveo su duda, su humanidad. Es en esos momentos de enormes contradicciones donde lo siento – total e inevitablemente- el padre cabal de todos los argentinos.

miércoles, 1 de julio de 2009

GUERRILLA: LA PASIÓN DEL “CHE” SEGÚN SODEMBERG


Cuando un ideal es defendido con la vida este toma la forma de aquello que lo defendió. Adquiere sus rasgos, perdura en el tiempo con su semblante. Reverbera en los años con su nombre. Las leyendas se nutren de eso. Los antiguos griegos lo sabían perfectamente: belleza, heroísmo y desaparición temprana; eran los condimentos con los que se conjuraba un héroe. Para la historia, para el mito o para ambos.
El Che es esa polisémica figura con la que la rebeldía tomó un cuerpo de hombre y lo hizo icono de un siglo sangriento, complejo y contradictorio. Es más, no se puede comprender ni concebir el oscuro siglo XX sin el paso de este argentino por sus años. Porque el Che es uno de los varios misterios que cohabitaron en el cuerpo de Ernesto Guevara: El frágil hijo de una familia tradicional, el joven bohemio, el universitario mediocre, el médico, el militante, el guerrillero, el escritor, el comandante, el ministro, el intelectual, el padre, el marido, el “homicida” (para sus detractores), el mito.
Cual agnóstica deidad de varios rostros, en una sola lectura para la vida del Che, Guevara resulta siempre insuficiente y viceversa. El concepto de misterio es connatural a su existencia ya que de él no se entienden varias cosas. En general lo que hizo y por qué lo hizo.
En particular:
-No se entiende como el niño bien de una familia acomodada abrace la causa de los desprotegidos y explotados muriendo por ellos.
-No se entiende como el mediocre estudiante de medicina se transforma en un intelectual brillante.
-No se entiende la metamorfosis del bohemio inofensivo en guerrillero letal.
- El paso del asmático crónico al tipo que (fumando pipas y habanos) trasciende sus límites físicos.
-No se entiende (o sí) como es que habiendo llegado al la cúspide del poder deje todo (incluidos mujer y cinco hijos) para ir a morir en la ignota localidad de La Higuera.
Pero por sobre todo –y ya en Bolivia- no se entiende porqué comete errores fatales. Por qué se contradice a sí mismo al no actuar (o actuar puntualmente al contrario) de como el mismo aconsejara en su “Manual de guerra de Guerrillas”. ¿Tozudez? ¿Auto boicot? ¿Sabía que nadie le hace sombra a los Castro y que si volvía a Cuba su suerte iba a ser –quizá- la de Camilo Cienfuegos? Bueno, estos misterios no son develados por Sodemberg en su film, que opta por una precisión estética indiscutible (como solo un hijo de Hollywood sabe lograr) perfecta en las formas pero sin la pretensión de llegar a una verdad sobre el complejo Guevara. Está bien, no es obligación del cine hacerlo, ni la de ningún arte, pero uno espera que se juegue por una alternativa…aunque sea contraria. Sodemberg en vez fotocopia con precisión “El Diario de Bolivia” y lo lleva a la pantalla, sostenido por la actuación impecable de Benicio Del Toro que sí se sumerge en el personaje. Y si bien –tal y como dijera Perón- “esto de la guerrilla es más viejo que mear en los portones”, la incógnita del guerrillero más reconocido queda. A pesar de Sodemberg.

sábado, 20 de junio de 2009

COMPULSION A LA PERPETUACION


-¡Armando! Sentí en el celular – soy Claudio,¡Berty está mal!. Muy mal. Ayer Cecilia le “picó el boleto”, le retiró los embajadores y se fue a la casa de sus viejos con los chicos.
-¿Y por qué?, le dije extrañado.
-Es que le pilló un SMS de una alumna de Londres. No es lo que decía, sino como estaba firmado: “Your lovely england betch”…y vos sabès que Cecy sabe inglés… ¡le tiró el celular por la cabeza! Ahora tiene un punto en la ceja...
-¿Ya pasó “la noche oscura”? le pregunté como en automático (primer noche de un neo-divorciado lejos de su casa, sus hijos y su –ahora- ex-mujer)
-Sí sobrevivió pero ha faltado al laburo y está entre deprimido, sacado y melancólico. Pasa de un estado a otro cíclicamente y sin control, tengo miedo que haga una cagada Hay que ir a verlo.
Esa misma tarde fuimos a su casa. La casa de un biólogo (hijo de biólogos) que entre portaobjetos y microscopios a los cuatro años había empezado a mirar células, amebas y paramecios. Que con el tiempo (poco tiempo) había devenido en algo así como en un precoz genio de la genética. Y que terminó a una corta edad dando clases en una maestría de una universidad londinense. Tenía una novia de toda la vida: Cecilia, que también era bióloga y con la que esperó siempre casarse y tener hijos: dos párvulos.
Cuando llegamos al hogar de Berty (una gran biblioteca de genética con ínfimas dependencias para dormir y comer) se notaba que la crisis empezaba a hacerle mella: fumaba copiosamente, tomaba un único mate lavado sin parar, mostraba unas profundas ojeras y signos evidentes de una incipiente malnutrición. Los conocimientos de bromatología -seguro- comenzaban a flaquearle, a ojos vista colonias de bacterias empezaban a formarse por doquier: sobre todo en el baño y la cocina.
Al vernos (cual Hamlet criollo-mate-en-mano) empezó verborràjico (conste: no escribí sicótico) un monólogo que se remontaba al origen del homo sapiens como especie. A nuestros albores cavernícolas. A las difíciles premisas bióticas sobre las cuales se cimentó nuestra dificultosa supervivencia. Casi podía ver a nuestros greñudos antepasados cubiertos de pieles, calentándose en el fuego de una ignota caverna, aferrados a sus lanzas, a sus hachas de piedra y temiendo ser devorados por bestias feroces: un “diente de sable” o un “demionicus” por ejemplo.
-En un entorno tan hostil, continuó mi amigo, era menester reproducirse lo más rápido posible para lograr una masa biótica crítica que evitara la extinción. Y eso lo sabíamos instintivamente, en algún lado nuestro estaba esa información.
- Esto es (interrumpí) copular con cualquier cosa que estuviera a la mano.
- Yo no lo expresaría en una forma tan categórica – añadió esta vez con un tono académico - digamos que esa tarea recayó fundamentalmente sobre las espaldas del “macho” quién “cubriendo” a varias hembras en simultánea, aseguró la tasa de nacimientos necesaria que nos hizo llegar a nuestros días. Esta compulsión, esta “propensión a la perpetuación” estaría presente en nuestro ADN. Además –acotó con énfasis- la monogamia en el reino animal es la excepción a la regla de la poligamia. ¡¡Y esto Cecilia lo sabe carajo!!! –gritó- vos sabés que ella también es bióloga.
Berty fue corriendo hasta uno de los muchos estantes repletos de libros, volvió con el Tomo IV de una “Biología General”
-¡Tomá! me dijo señalando con un índice un apartado que decía “la conducta sexual indiscriminada es común en los machos de varias especies” y mostraba varias fotografías:
Fotografía 1: “Escarabajo gigante africano tratando de copular con una botella”….y se veía un gran cascarudo en pleno desierto del kalahari acaramelado con una botella de cerveza
Fotografía 2: “Sapo de la foresta venezolana intentando copular con dedo humano”... y mostraba un sapito abrazado a lo que él pensaba que era una hembra extraña
Fotografía 3: Roedor antillano en su cueva tratando de inseminar a un tubérculo…
-¡Berty! –Le dije- antes que bióloga Cecila es un ejemplar “sapiens-sapiens” de hembra con –ego-herido y esto la hace: inestable, impredecible y peligrosa (le señalé la ceja cosida).
Logramos con Claudio que Alberto comiera, que tomara valeriana, aunque le hubiera hecho falta algo mas químico como un rivotril. Desparramamos desinfectante en el baño y le dejamos dos teléfonos: el de una psicóloga y el de un abogado. Los iba a necesitar en los próximos días.

sábado, 16 de mayo de 2009

PLANTÉ UN ZAPALLO


Si como me encantan los mitos -y soy muy propenso a creer en ellos- cada tanto me gusta desmitificármelos: ver el cadáver de Marilyn en la morgue con la incisión pectoral de la autopsia. Descubrir un talón de Aquiles en el Che amén de su asma. Alguna faceta no heroica del general (San Martín), atisbos de oligarquismo en Peròn o en Evita. Rasgos de autoritarismo en Alfonsín o en Illia. Barruntos de transparencia en “Mendes” etc etc
Los mitos son construcciones mentales, son ideas y preconceptos que una persona tiene sobre algo o alguien en base a una serie de impresiones seleccionadas en el flujo total de todas las impresiones – y de las cuales- él es un simple receptor.
Por alguna razón determinados lugares, personas o cosas han creado una imagen muy sólida de sí y que se ha instalado en el imaginario colectivo. Este tipo de imágenes o lugares comunes, no son una reproducción fiel de los elementos representados, sino una selección sesgada de componentes con una fuerte carga simbólica y emotiva para las personas que los sostienen. Esta conjunción de factores hacia un símbolo, persona o cosa hacen que la misma “implote” en “el rebelde romántico” (el Che ), “el padre de la patria” (San Martín), “la abanderada de los pobres” (Evita), “la rubia fatal” (Marilyn), “el padre bueno que todo lo puede”, “el honesto demócrata” etc. Etc.
Cada vez que se acerca el 25 de mayo, casi siempre pienso que las cosas seguramente no fueron como quedaron cristalizadas en los óleos de aquella época, ni en las figuritas “Billiken”de la mía. Desde detalles tontos, como la cantidad de barro y los infrecuentes paraguas para la época, hasta preguntarme ¿Independencia? ¿Estamos festejando in-de-pen-den-cia? ¿De qué, de quién? ¿De Repsol por ejemplo? ¿De telefónica? .
Si tenemos en cuenta que llovía desde hacía un par de días y que faltaban varios lustros para que los desagües se inventaran…, la Plaza de Mayo debería ser un barrizal difícil de transitar para ilustres damas de aparatosos vestidos y caballeros con adustas levitas. No creo que haya habido muchos patriotas dándose galerazos en el barro resbaladizo y pronunciando frases libertarias para la posteridad. Si a esto le sumamos el frío que hace en las mañanas de mayo de estas latitudes, seguramente que French y Beruti (punteros heavies de los indipendentistas) esquivarían más de un estornudo al repartir el primer merchandising político del que se tenga registro en argentina.
Luego, en lo que es hoy el patio del actual cabildo, al que se accede por Diagonal Norte, estaba la cárcel de mujeres, en la que todo el tiempo – las lúmpenes-se asomaban por las ventanas para gritarle barbaridades e improperios de todo tipo a transeúntes y pasantes. O sea, que al típico cuadro con “el pueblo” y los paraguas (si nos situamos de frente al Cabildo) habría que agregarle a la izquierda, unas cuantas prostitutas, ladronas y mecheras que gritaban, pero no exactamente ¡Viva la Patria!. Al todo escenográfico habría que añadirle algún que otro cadáver, de los que aparecían en las afueras de la ciudad y que era usanza de la época colgar en las recovas del edificio para ver si alguno lo reclamaba, lo reconocía o ambos…, así que dejando de lado el espectáculo ofrecido, el olor de Plaza de Mayo no debe haber sido del de Channel Nº 5 precisamente.
Después tenemos una veintena de insignes reunidos a solas en el Cabildo, esto es: algunos militares, algunos sacerdotes, algunos prósperos comerciantes y unos periodistas e intelectuales “amigos”, congregados tres días a deliberar. Afuera el “pueblo” con frío y debajo de la lluvia que “quiere saber de qué se trata”, porque no tiene ni idea de lo que se está cocinando adentro (es curioso como hay cosas que jamás han cambiado en la Argentina en casi dos siglos).
Es que muy pocos saben o han oído hablar de José Bonaparte, verdadero disparador de nuestra fecha patria que –haciendo caso omiso de los rumores de acomodo- se sentó en el trono de España por orden de su hermano: Napoleón.
Aquí, los habitantes poderosos de la ciudad se consultaron entre ellos, y llegaron a la conclusión que debían respeto al Rey de España pero no a “Pepe Botellas” (alias de Bonaparte por su afición al jugo de uva fermentado) así que se reunieron en el famoso cabildo de la Plaza Mayor y resolvieron que un grupo de vecinos notables de la ciudad se harían cargo de esta parte del virreinato. Vecinos de distinta extracción, pero de la misma clase que jamás van a faltar a los grandes acontecimientos políticos de este país en los próximos dos siglos.
¿Y por qué en Buenos Aires siendo que en ese momento no era una ciudad, ni tenía las riquezas del Alto Perú, ni siquiera universidades como Córdoba o Sgo de Estero? La explicación es una y única: Buenos Aires tenía puerto. Y donde está el puerto esta la aduana. Y donde estaba la aduana estaba la guita rápida y fácil proveniente del (entre otras cosas lícitas) contrabando (léase “aduana paralela” ¿les suena?). Muchos locales y españoles habían empezado a amasar grandes fortunas gracias a esto… y España ejercía mucha “presión tributaria” sobre sus súbditos amén de arduos controles.
Por eso le juraron lealtad a su “graciosa y cautiva majestad” (por ese entonces un ente simbólico encarcelado en una Madrid simbólica) haciendo esto, no solo cumplieron con los deberes protocolares respecto de la corona, sino que todas las tasas e impuestos aduaneros que otrora se quedaba el rey, pasaron a manos de la administración vernácula. Es más, adelantándonos en un siglo y medio a Martin Luther King y en uno y monedas a Ghandi, hicimos la primer Revolución no violenta de la historia: No depusimos ningún monarca, no guillotinamos a nadie, no disparamos ni un solo tiro, es más, no derramamos ni siquiera una gota de sangre y nos quedamos con la toda guita. Fuimos muchos más pragmáticos que los insurrectos franceses de la Bastilla: nos inspiró –sí- la libertad, pero la de comercio...
Decidieron que al franchute le iban a cobrar todo, si quería vacas, trigo y demás yerbas proveniente de estas tierras iba a tener que pagar a la aduana en cash y ¡Viva la Revolución! ¡Viva la Patria carajo! ”

sábado, 7 de marzo de 2009

EMBARAZADOS


Cierto día aparecen las dos rayitas en el test y estás embarazado. Ella -la madre de tu futuro bebé - en pocos meses irá transformándose en un ser prácticamente desconocido… y vos como si nada. No solo hablo de su ensanchamiento ecuatorial. Ni del séptimo mes (al que muchos profesionales no dudan de calificar como el más “oscuro e incomprensible para la psiquis del hombre”). Hablo de todos los meses previos y posteriores en los que ella irá transmutándose -milimétricamente- en un ser inestable, hipersensible, paradojal y –muchas veces- gastador compulsivo. Con su esquema corporal-hormonal-psíquico cambiado: caminará, dormirá, comerá, olfateará, se moverá, mirará, hablará, sentirá, orinará, se relacionará distinto con todo el mundo que la precedió. Incluido vos. Ejemplo: las milanesas de soja al roquefort que ayer eran ambrosía, hoy son caca rancia de dinosaurio. Distingue olores que solo un mastìn entrenado podría. De ser omnívoro que era, pasará meses alimentándose solo a naranjas y chocolate porque es “lo único que tolera”. Esto hará que al final del tercer mes esté más flaca, para después aumentar entre siete y veinte quilos en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando la conociste -y en los momentos más “cool” de la relación - jamás se te ocurrió que por tu culpa: por tu culpa (por tu gran culpa) algún día se pasaría al menos tres meses abrazada a un inodoro en perenne estado de náusea-vómito (por obvias razones ni se te ocurra festejar en este período invitándola a cenar en un restaurante)
Antes de eso podías vivir tranquilamente sin saber que la gonadotrofina existía. Ahora no podès imaginar que una hormona con nombre a remedio (asociada a los ciclos de la nausea) te/les pueda joder tanto la vida.
Como toda hembra de cualquier especie empieza a preparar un nido, a mover muebles, a acomodar cunas, a juntar ropitas, a disponer accesorios, a pintar las paredes de la pieza del niño, a ordenar, a desordenar y volver a ordenar. Está poseída por una información genético- instintual que le llega desde su profundo ADN, desde los albores del hombre como especie, pero no lo sabe. Sonámbula, obediente a sus vísceras actúa, sigue sus instintos más remotos. Reposa, prevé, abarca, protege, envuelve, vuelve a actuar. Siempre lleva sus manos al vientre, habla de si misma en plural…y eso que todavía no me he metido con los antojos: moras frescas en pleno invierno, pochocho dulce un lunes a las doce de la noche, Doner-kebab miércoles a las seis de la tarde. Uva chinche sanjuanina en pleno cemento de Buenos Aires.
Todo girará en torno a la gran panza que, antes tímida, ahora toma todo el protagonismo.
Ella ya no alcanza a verse las piernas, a ponerse un zapato cerrado o medias y convierte estas simples actividades en un juego de estrategias y contorsiones previo. El cuerpo ya dejo de ser ágil, el centro de gravedad del mismo ha cambiado drásticamente, entonces su forma de caminar recuerda graciosamente la del pingüino (dicho esto sin ninguna ironía política). Y también aquí empieza la más enigmática de todas las cosas: la comunicación con el bebé -via intrauterina- a través de un metalenguaje, de un código Morse (vedado para hombres claro està y hecho de pataditas, cambios de posiciones en la panza) mediante el cual la madre empieza ya a conocer a su hijo: “Tiene hambre”, “está durmiendo”, “hoy está insoportable tu hijo” “cuando me acuesto de este lado a el no le gusta” ¡???....
Luego, el centro de su ombligo pasa ser literalmente el centro de tu universo, todo nace y muere allí, se vive para y en pos de ese ombligo al que acariciàs con ternura. Después de todo (conciente o inconcientemente) elegiste a esa madre (la mejor hembra) para asegurarte la permanencia de tu carga genética en el mundo, al menos eso dicen…